Internacional

Publicado el miércoles, 11 de marzo del 2026 a las 12:52
Moscú.- El presidente ruso, Vladímir Putin, acusa en los sondeos el duro revés que supuso la muerte de su aliado iraní, el ayatolá Alí Jameneí, y la falta de avances en Ucrania, donde el ejército ruso está estancado desde finales del año pasado.
Según la compañía de opinión pública VTSIOM, solo un 32,1 % de los rusos mencionó al jefe del Kremlin como el político al que confiaría la gestión de las principales tareas del Estado.
Este indicador es el más bajo desde el comienzo de la guerra en Ucrania en febrero de 2022.
El momento más álgido fue en marzo de 2024, cuando casi la mitad de los encuestados (48,8 %) mencionó al presidente como su político favorito. En cambio, ahora solo uno de cada tres lo elige sobre el resto de políticos, en el que el segundo lugar lo ocupa el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov.
También ha descendido el número de rusos que confía en mayor o menor medida en el jefe de Estado, pasando del 80,5 % al 77,5 % desde el último sondeo en diciembre.
A esto han contribuido las continuas ausencias de Putin desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara apresar al líder venezolano, Nicolás Maduro. Desde entonces, todo han sido malas noticias para el Kremlin.
Otro factor de peso estaría en el creciente descontento con los prolongados cortes de internet con la excusa de la seguridad.
El más reciente, que comenzó el pasado viernes, golpeó con especial crudeza a Moscú y San Petersburgo, y, además de las incomodidades, ha supuesto grandes pérdidas para los empresarios rusos (63 millones de dólares solo en la capital).
El Kremlin defendió los cortes con la ley en la mano -Putin tiene desde febrero la potestad de ordenar el bloqueo de la red de telefonía móvil-, pero esto no hizo, sino aumentar la indignación popular.
A esto hay que sumar la ralentización de la red Telegram, principal medio de comunicación y de información para 100 millones de rusos, que Moscú quiere sustituir por la versión oficial Max, bajo supervisión de los servicios de seguridad.
Incluso entre los más ultranacionalistas, Putin es visto a día de hoy como un dirigente débil que no puede defender a sus aliados, sea en Caracas o en Teherán, de la agresiva hiperactividad de Trump.
El asesinato de Alí Jameneí fue especialmente doloroso, ya que los analistas cercanos al Kremlin lo interpretaron como un claro aviso a las autocracias con las que Moscú mantiene una cooperación estratégica. Los rusos creen que el próximo en la lista será Cuba y que el Kremlin volverá a quedarse de brazos cruzados.
Según la Casa Blanca, Moscú incluso le prometió que no proporcionará información de inteligencia a la república islámica, algo que contradice las soflamas patrióticas de la propaganda rusa.
En Ucrania las noticias tampoco son halagüeñas. Kiev asegura que ha recuperado cientos de kilómetros cuadrados en las regiones de Zaporiyia y Dnipropetrovsk desde que el ejército ruso dejó de tener acceso a la red de internet satelital Starlink.
Además, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) pone en duda las afirmaciones de Putin de que Ucrania apenas controla un 15-17 % de Donetsk, y asegura que la esperada ofensiva primaveral rusa se verá mermada por las actuales ganancias territoriales enemigas.
Kiev no se limita a los éxitos en el campo de batalla, pues sigue golpeando la retaguardia rusa, como en la región de Briansk, donde alcanzó una fábrica de microchips para misiles (donde murieron siete personas) y dos plantas químicas en Samara, lo que incrementa la sensación de inseguridad de los rusos.
Putin intentó retomar el vuelo el lunes con la primera conversación telefónica desde diciembre con su colega estadounidense, al que propuso, cuando este lo llamó, algunas variantes de arreglo político en Irán.
Con todo, Trump le respondió como cuando EE.UU. e Israel bombardearon el país persa en agosto de 2025: que la mejor mediación es que Moscú ponga fin a la guerra en Ucrania.
El líder ruso también habló dos veces en menos de una semana con el presidente iraní, Masud Pezeshkian, pero el Kremlin no desveló ningún paso concreto que pueda detener la guerra.
El 8 de marzo felicitó en un vídeo a las rusas por el Día de la Mujer, pero el presidente tuvo que repetir la grabación debido a una inoportuna carraspera, de la que se hicieron eco todos los medios antes de que el Kremlin retirará las imágenes.
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