Los padres y las madres tienen preocupaciones diversificadas por su descendencia. No es lo mismo una hija que un hijo en cuanto el tratamiento que se les da. En la percepción del ejercicio de la actividad sexual de ambos, habrá sin duda un trato distinto.
Ayer hablaba con una madre de familia en una consultoría, quien me decía que su hija de 18 años había llevado a su novio a la casa y que ahí habían tenido relaciones sexuales porque el padre, y esposo, encontró un condón.
La mamá estaba sumamente compungida porque ella cree que hizo mal en informar a su hija sobre educación sexual, ya que ahora lo considera como un permiso a que la muchacha tenga actividad sexual coital. Que además es el meollo del asunto: lo que le importa más a los padres y madres son los coitos de sus hijos e hijas. Aunque no haya penetraciones con pene, la actividad sexual existe desde que hay besos, caricias e incluso actividad de desnudos completos, solo no hay coitos.
Pero permiso o no, las personas deciden sobre su vida sexual coital sin contar con la opinión del padre o la madre, y a veces ni la propia, por lo que es importante que exista un empoderamiento de sus derechos y de sus obligaciones en el ejercicio de una actividad sexual responsable.
Esta semana tuve un intercambio con un señor que me dice:
“Elia, buenas tardes, recurro a usted porque necesito una orientación, si me permite le cuento. Tengo un hijo de 22 años y una hija de 20, y tienen unos amigos en común (más hombres que mujeres), quieren dar un paseo a la playa por tres días y respecto a mijo no tengo ningún problema, pero respecto a mi hija tengo mis dudas, son sentimientos encontrados. Por un lado, me da gusto, y por otro lado me preocupa, me siento entre la espada y la pared, necesito un buen consejo y creo que usted es la persona indicada para dármelo.
Si no es abuso de mi parte espero su contestación”.
Yo le dije: Confíe en su hija, así como lo hace con su hijo. Si usted cree que ella puede cuidarse y protegerse y tomar las decisiones correctas, no tiene por qué tener sentimientos encontrados.
Además, la hija ya tiene 20 años. Creo que es un poco exagerado que se preocupe por dejar ir a una mujer adulta a sus vacaciones. No reprima a ninguna mujer por favor, ya que esa desconfianza gratuita puede lesionar la relación con su hija ante sus temores infundados.
El asunto de la desconfianza hacia las hijas a veces ni tiene que ver con ellas o sus comportamientos, sino sobre los temores de los padres y de las madres, que se sienten inseguros no solo de sus hijos e hijas, sino de lo que creen que les han enseñado. Más aun cuando se trata de cuidar la virginidad de la muchacha y su actividad sexual, a la que tiene derecho.
Luego me manda otro correo: “…ay Elia buenos días, tiene usted razón, no tengo por qué reprimir a nadie y, analizando, mi hija estudia Derecho, trabaja en un despacho como pasante, es muy buena persona, lo que me corresponde es apoyarla y confiar que todo va a estar bien…”.
Empoderar la confianza en los hijos e hijas y hacerles saber que son depositarios de ella crea un vínculo importante, porque también es urgente enseñarles a cuidar y vigilar su salud sexual y reproductiva.
Nos vemos en las redes sociales y en www.ivaginaria.wordpress.com
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