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Coahuila

QUE NADIE SE SIENTA SOLO, QUE NADIE SE QUEDE FUERA

Por Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola

Hace 8 meses

Recuerdo una vez que asistí a un encuentro internacional de religiones en la Ciudad de México en el año 2010. Y esa mañana estaba desayunando en el lugar de la Convención, con dos personas pertenecientes a iglesias cristianas, cuando de repente, vimos pasar a una señora alta vestida al estilo de la religión Hindú, de la cual uno de ellos dijo con admiración: Yo no sé qué les enseñan en esa religión, pero esta señora es muy buena y gentil y transmite mucha paz. Yo dije dentro de mí, qué bueno sería que dijeran esas cosas de los católicos. Y reflexioné: Qué importante es, que la presencia de cada uno de nosotros, pueda ser así, y transmita la bondad y la paz de Dios en cada pueblo, en cada hogar, y en cada familia que visitamos, incluida la nuestra.

Tengo también muy presente, una noche cuando fui vicario parroquial, hace como 20 años, y una familia del apostolado me invitó a su casa a cenar, y recuerdo perfectamente, cuando al empezar a platicar, al acabar de compartir los alimentos, la señora de la casa me dijo: Padre, ya que está aquí, “háblenos de Dios”. Seguramente lo que pensó pero no dijo fue: Por que para hablar de otras cosas, nos sobran amigos, reuniones y fiestas. 

Sus palabras desde entonces cimbraron mi corazón, y me hicieron caer en la cuenta de mi grave responsabilidad como católico, y más como sacerdote, de transmitir y hablar de Dios en todo momento y en todo lugar.

¡Señor obispo, mejor cántenos una canción de la Biblia! Me dijo una niña de 8 años, que acompañaba a la señora que cuida a mi mamá de 95 años, una noche reciente, cuando les dije que iba a cantar con el Karaoke, una canción de Agustín Lara, llamada Amor de mis amores, que tanto le gusta a mi mamá. Claro que por la niña, me puse a cantar en ese momento, las mejores canciones que me sabía de la misa. Con la certeza de que Agustín Lara, con su María bonita y su farolito, podría esperar.

Para mostrar mejor a Dios, hagámoslo sin palabras, pero si tenemos que hablar, que sea de Jesucristo, por que de palabras ociosas estamos llenos. La gente, sin duda, tiene hambre de Dios, y necesita escuchar de Dios. A veces incluso, sin ni siquiera saberlo.

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