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Coahuila

¿Qué realidad construyes?

Por Gaby Vargas

Hace 6 años

Los biólogos, aterrados por los gorilas salvajes, llegaron a las montañas cargados con armas poderosas con la capacidad de matar hasta a un elefante. Los gorilas percibían el miedo de los intrusos y sabían que podían ser peligrosos, por lo que se volvían hostiles y agresivos.

Fue hasta la década de los 50 que el biólogo alemán George Schaller, tras vivir dos años en lo que era el Congo Belga para observar la conducta de los primates, comprobó que en realidad son criaturas lánguidas y pacíficas que solo comen plantas e insectos y viven en grupos bastante estables. Su fuerza y golpes en el pecho solo se hacen patentes en las peleas entre machos.

Schaller, a su regreso a Europa, dio una importante conferencia ante científicos del mundo para exponer la inteligencia, la sensibilidad y el paralelismo entre los patrones de conducta de estos primates, con quienes, por cierto, compartimos 98% del ADN, y los de los humanos.

En la ponencia, Schaller habló con detalle y de manera novedosa sobre las relaciones familiares de los gorilas, el rol del macho de lomo plateado, la relación entre hermanos y la de los bebés con sus tíos: “Doctor Schaller, nosotros los biólogos hemos estudiado a estas criaturas por siglos y desconocíamos todo esto –cuestionó uno de los profesores presentes en la conferencia–, ¿cómo es que ha logrado esta información tan detallada?” La respuesta del profesor Schaller fue contundente: “Es muy simple, nunca llevé conmigo una pistola”.

Sirva esta historia para demostrar que, en efecto, hay una correspondencia entre lo que experimentamos y nuestros pensamientos y estado de conciencia. Mientras unos biólogos se acercaban con pavor, otros, como Schaller y la famosa Diane Fossey –en quien se basa la película Gorilas en la niebla– lo hacían con respeto, por lo que obtuvieron resultados distintos. Así ocurre también en la vida.

Al cambiar los pensamientos, puedes cambiar la realidad. Esta es una afirmación que para algunos resulta absurda, sin embargo, analicémosla.

A decir de personas que estudian disciplinas que tienen como materia el comportamiento humano, la mente interpreta, filtra y etiqueta aquello que experimentamos como realidad. El tipo de filtro de cada persona depende de la manera en que su mente ha sido condicionada para evaluar el entorno, juzgarlo y etiquetarlo. Dicha interpretación es determinante de cómo la persona responde a lo que le sucede, ¿cierto?

Las reacciones de cada individuo tienen consecuencias en su medio. Es por lo que, con frecuencia, los sujetos quedan atrapados en un mundo propio o una entelequia, sin darse cuenta de que ellos han contribuido a formarlo.

Quizá conozcas a alguien, querida lectora, querido lector, que experimenta la misma situación una y otra vez, sin importar lo que haga. Dicho patrón tiene réplica en las relaciones. Esto significa que, de manera inconsciente, cada quien manifiesta su propia realidad y, al igual que los biólogos, ¡no lo sabe!

Suele ser más fácil observar los patrones de conducta de otros que los propios. Sin embargo, no cabe duda de que hay una relación entre nuestro estado de conciencia y las circunstancias exteriores. “Nuestros pensamientos están conectados con la dimensión invisible de la realidad, aquella que gobierna lo que crea la forma. Al cambiar los pensamientos, puedes cambiar la forma en que tu vida te aparece”, afirma Eckhart Tolle.

Cada pensamiento es un ladrillo del destino que desarrollamos. Un ladrillo hacia lo positivo o hacia lo negativo, lo saludable o lo que nos enferma de manera espiritual. De acuerdo con el tipo de pensamientos recurrentes que tengamos, acumularemos energía que construirá la realidad en nuestro entorno, seamos conscientes o no de ello.

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