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Agencias
Publicado el domingo, 27 de marzo del 2016 a las 15:00
Ciudad de México.- Carlos saca malas calificaciones, no se lleva bien con sus maestros, odia los exámenes y no tiene ni la más remota idea de lo que quiere estudiar o en qué piensa trabajar cuando sea mayor. A Carlos no le interesan esas calificaciones. Su mente funciona de manera diferente.
Mientras un niño con altas capacidades intelectuales se reconoce por ser el abanderado, sacar 10 en sus materias, ser amado por los profesores y compañeros de clase, graduarse con honores, tener maestría, hacer un doctorado y obtener un empleo exitoso, los superdotados se reconocen por ser exactamente lo opuesto.
“Las clases me aburrían. Era repetir y repetir y repetir; primero, segundo y tercero fueron lo mismo, sólo que con diferentes personas, con diferentes niños y diferentes lugares, porque he estado en Toluca, aquí en la Ciudad de México, en Guadalajara y en España”, dice el niño de 9 años.
El padre del menor tuvo que viajar por cuestiones laborales a España. Tenía fe en que allá tuviera una gama de opciones para que su hijo pudiera desarrollar su capacidad intelectual y no clases comunes con profesores que sólo lo reprimían, pero la desilusión apareció cuando se dio cuenta de que no sólo no entendían a su hijo, sino que fluían los comentarios xenófobos. La violencia de la institución llegó a tal grado que Una especialista noruega explicó a Fabián Santamaría y Arcelia Díaz, los padres de Carlos, que su pensamiento es como un árbol. De una idea salen mil ramas, mil ideas, lo cual ocasiona que comúnmente olvide cuál es la central.
El menor no da la respuesta correcta, sino muchas, y crea incógnitas que sacan de quicio a los CURSA DIPLOMADO DE BIOQUÍMICA A LOS 9
“Lo que de verdad me gusta es la bioquímica. Todos los procesos químicos que ocurren dentro de los seres vivos”, dice Carlos.
La Universidad Nacional Autónoma de México cuenta con el diplomado en Bioquímica y Biología Molecular para la Industria Farmacéutica y Biotecnológica, que no fue diseñado para que un niño de cuarto grado de primaria lo cursara.
Lograron inscribirlo en el diplomado de bioquímica de la UNAM en línea. La Facultad de Química y su director, Jorge Vázquez Ramos, le dieron las facilidades para que pudiera llevar a cabo el curso.
El problema era que tenía que mantener buenas calificaciones si quería pasar de un módulo a otro, algo que a él no se le daba.
“Carlos no quiere sacar 10, busca aprender. A él no le importa la cifra, él quiere comprender. En el taller le dijimos: ‘Si quieres los diplomas tienes que sacar buenas notas’”, recuerda su padre.
Así lo hizo. En el primer módulo denominado Estructura de las Proteínas obtuvo 10; en el segundo, Métodos de Purificación y Análisis de Proteínas sacó un 8. En el tercero, Principios de Biología Molecular y Expresión de Proteínas se llevó un 9. Con todo y que, como cualquier niño, odia las evaluaciones.
“No me gusta hacer exámenes, sobre todo los que son en línea a contrarreloj. Una vez hice uno de cinco preguntas, ¡sólo me dieron 12 minutos! Y como lo hice demasiado rápido saqué 3”, confiesa Carlos.
¿LICENCIADO SIN LA PRIMARIA?
El diplomado terminó, pero no la sed de aprender del pequeño. Sin embargo, no tiene ni la primaria terminada. No puede acceder a un examen de admisión de la UNAM. Sin embargo, Carlos está cursando dos materias del primer semestre de la carrera de Química.
En el Reglamento General de Inscripciones, en su apartado IV. Materias aisladas: Artículo 17, de la Universidad está escrito: “Las solicitudes para cursar solamente talleres aislados en el nivel de licenciatura podrán autorizarse cuando haya cupo en los planteles y grupos respectivos y cuando los solicitantes tengan antecedentes suficientes, a juicio de los directores de las facultades y escuelas de que se trate…”, señala Gracias a esto, Carlos asiste con universitarios a sus clases de Álgebra Superior y Cálculo I. Con ello, los ojos de un gran número de académicos, sicólogos y sus propios padres están nuevamente
sobre este niño.
Tener una vida escolar universitaria al filo del sistema es algo fuera de la rutina, de las normas y de lo común. Pero no se podía esperar otra cosa para un niño que también lo es. (Con información de El Universal)
lo consideraban “un terrorista”.
adultos, que esperan siempre tener la razón. “Los maestros me sacaban de las clases”, recuerda el niño.

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