Querida persona lectora:
¿Estás viviendo la vida que quieres? ¿Estás viviendo la vida que soñabas? Me gustaría mucho conocer tu respuesta a estas preguntas.
Estoy segura de que habrá quien contestará de manera afirmativa, quien lo hará de forma rotundamente negativa y quien considere que, si bien todavía no tiene todo lo que quiere, va por muy buen camino.
Quizá habrá también quien todavía no sabe exactamente lo que quiere y se siente perdido entre lo que “debería” querer (como todos aquellos logros y objetivos que la sociedad, nuestra familia o alguien más nos impone) y lo que realmente le hace feliz.
Creo que una de las cosas más difíciles a las que todas las personas nos enfrentamos es tener claridad sobre lo que queremos de verdad. Sin embargo, debemos ser conscientes de que todo lo que tenemos hoy es el resultado de alguna decisión que tomamos en el pasado o, quizá, de alguna que preferimos no tomar.
También es cierto que existen personas más indecisas que otras. Puede haber quien tiene dificultad para tomar una decisión que, para otro, parece sencilla, como, por ejemplo, qué atuendo llevar en un día cualquiera o elegir un platillo del menú de un restaurante. Por otro lado, hay quienes solo batallan con decisiones más importantes, como qué carrera estudiar, qué trabajo elegir o en qué ciudad vivir.
La dificultad de tomar una decisión también puede depender de las circunstancias personales. Hay quienes toman decisiones pensando en sus propias circunstancias personales o familiares y otros que no tienen este tipo de contextos.
Independientemente de las circunstancias personales, considero fundamental que cada persona reflexione sobre lo que implica querer algo. Esto aplica tanto cuando deseamos ser algo como cuando queremos hacer algo.
Para mí, definir lo que se quiere implica también tener claro y aceptar todo lo que se debe hacer para conseguirlo.
Les daré algunos ejemplos. Cada vez que he decidido aprender algo, ya sea bailar o jugar pádel, he tenido claro que, para hacerlo como a mí me gustaría, debía realizar diversas acciones: tomar clases, entrenar y practicar. No valen excusas como “no tengo tiempo” o “no soy capaz”. El tiempo se puede encontrar con planificación y priorización y, como ya hemos dicho en otras ocasiones, con esfuerzo, disciplina y compromiso nuestro rendimiento seguramente mejorará.
Quizá en algún momento nuestro gusto cambie y lo que antes nos apasionaba deje de interesarnos. Por supuesto, es válido tomar una decisión distinta y cambiar lo que queremos hacer.
Otro ejemplo puede ser de tipo profesional: independientemente de la profesión que desarrollemos, es importante hacer lo que hacemos con pasión. Esto implica también prepararnos previamente y seguir actualizándonos para poder ofrecer un servicio siempre mejor, como el que a todas las personas nos gusta recibir.
No debemos esperar que sea alguien más quien nos obligue a hacerlo o nos proporcione los medios y oportunidades; más bien, necesitamos generar las oportunidades que requerimos para dar lo mejor de nosotras y nosotros.
Claro está que, muchas veces, conseguir lo que queremos no es algo sencillo, sino que implica un mayor esfuerzo de energía y tiempo para poder ser realizado; y es allí donde la fuerza de voluntad entra en juego.
A menos que tengamos a nuestro lado un genio de la lámpara capaz de realizar nuestros deseos, y esperando que no malinterprete nuestro deseo, cada quien es responsable de conseguir lo que quiere. Y también lo somos cuando no lo conseguimos. Porque, al final, querer es poder.
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