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Querida Isabel

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 año

Para Ximena.

Queridísima Isabel, nadie me avisó de todas nuestras amigas con las que siempre nos veíamos, ninguna de ellas me avisó. Apenas el domingo por la tarde me enteré por Face (¡benditas redes!) de que ya te habías ido para siempre. No lo podía creer, eras tan vital y tan presente en todas las reuniones que organizábamos para vernos y contarnos nuestras cuitas y nuestros proyectos. Tu presencia nos era fundamental, tus argumentos siempre eran muy certeros. Eras diferente, Isabel: nada convencional, nada previsible y menos aburrida. Al contrario, eras sumamente divertida y no tenías pelos en la lengua; eras muy directa, pero sobre todo, valiente y trabajadora. ¿Te acuerdas cuando me platicaste la forma riesgosa en que tu familia y tú habían huido de la España franquista? Me platicabas de tu padre, Álvaro Custodio, director del Teatro Español de México. Él fue el argumentista del famoso espectáculo musical Aventurera, obra que inspiró la canción de Agustín Lara. También me contabas de tu hija la dramaturga Ximena Escalante y de todos sus éxitos en Francia. Pero sin duda el relato que más me llamaba la atención fue el del amor que le inspiraste a Fidel Castro, cuando estuvo en México, a mediados de los cincuenta, una vez que se dio el fallido asalto al Cuartel Moncada. Entonces tenías 19 años, estudiabas filosofía en la UNAM, eras una feminista profundamente convencida, sabías mucho sobre el marxismo y estabas guapísima. El amor les llegó a ti y a Fidel como un flechazo, tal como lo describes en tu obra: El amor me absolverá. Lo conociste en la cárcel en donde se encontraba preso Fidel, de 30 años. Su amor duró nueve meses, lapso en que se amaron apasionadamente. Durante sus escapadas se escondían de la CIA y de la inteligencia cubana. En relación a tu novela, te hice una entrevista de tele y en ella cuentas que Fidel era “muy guapo, muy atractivo, y que tenía una labia que te convencía de lo que quería; era simpático, ocurrente, tenía una memoria prodigiosa y lo que no sabía se lo inventaba”. Él estaba tan enamorado, te dijo que se quería casar contigo: “Te propuse que nos casáramos porque quería que tú llegaras conmigo, que llegáramos a tener el poder, porque habíamos luchado juntos y habíamos llevado todo este camino juntos”. En las últimas biografías que se han escrito sobre el comandante Fidel Castro se publica una frase de Fidel que lo dice todo: “Ella fue la única a la que yo le dije que me quería casar con ella. y ella me dijo que no”. Al que no tolerabas por “machista” y pedante era al Che Guevara, te llamaba “burguesa” y estaba convencido de que distraías mucho el proyecto revolucionario de Fidel.

Además de una espléndida escritora, autora de varias obras, eras una magnífica grafóloga. ¿Te acuerdas que te llevé a tu departamento de la Casa de las Brujas una carta firmada por el diputado Manuel Uruchurtu, quien muriera en el Titanic y que según su sobrino, Alejandro Gárate Uruchurtu, durante el hundimiento había cedido su lugar a una inglesa, Elizabeth Ramell, a quien le urgía reunirse con su hijo en Nueva York? Después de observar con mucha atención su firma y escritura, me dijiste: “Este señor es un mediocre, nunca hubiera hecho ese acto de heroísmo. Quien te dijo que era un héroe es “un farsante”. Tenías razón, querida Isabel, Erika P. Bucio, reportera de nuestro periódico, descubrió después de una acuciosa investigación que toda la información que había reunido para escribir mi novela El caballero del Titanic había sido falsa. Alejandro Gárate Uruchurtu me tomó el pelo, pero en ese momento en que me dijiste que el informante seguramente era un “farsante”, no te creí del todo. “Ni las investigaciones del Senado de los Estados Unidos ni del gobierno británico sobre el hundimiento del barco en 1912 permiten sostener que Manuel Uruchurtu salvó la vida de la pasajera inglesa Elizabeth Ramell” (Reforma). He de decir que Enrique mi marido me lo había advertido desde la primera cita con Gárate y yo no le creí, por desgracia.

Te voy a extrañar. Lamento no haberte ido a dar el último adiós y lamento de todo corazón haberme enterado por el Face de tu partida, más lamento que nuestras amigas y yo no nos hubiéramos reunido para despedirnos de una mujer excepcional y de una amiga tan entrañable como eras tú.

De todo corazón Guadalupe

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