Realmente no sé qué creer o qué pensar cuando aún hay quien puede atreverse a decir que “vamos bien”.
Por más que deseo compartir tal percepción de algunas personas -del Gobierno actual por supuesto- no puedo. Y no puedo porque sería alejarme de una realidad que está más clara que el agua. Agua limpia ¡por supuesto!
No puedo estar de acuerdo con una visión absurda y por demás engañosa e hipócrita, que pretende quedar bien con quien se siente dueño de la verdad absoluta y siempre dice tener “otros datos”.
¿Cómo pretender cerrar los ojos a la realidad existente? Considero que afirmar “vamos bien” ya sea por temor más que por convicción, sería lamentable e irresponsable.
Muy lamentable sí, cuando observamos que el dinero se gasta en caprichos de gobierno más que satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Como mujer y como abuela, me aterra el futuro al que se está condenando a miles de niños con cáncer al negarles el derecho a la SALUD, al ser privados de sus medicamentos.
¿Por qué se tiene que condenar a formar parte de una dolorosa estadística a nuestra niñez? Como madre, me conmueve el dolor de muchas mujeres que están luchando por una causa muy justa: La de exigir no se interrumpan los tratamientos para sus hijos.
Nadie está exento de sufrir una enfermedad y no es justo que se ignore a los padres de esos pequeñitos porque no están pidiendo limosna, sino tener acceso a la seguridad social que de golpe y porrazo se les ha negado.
¿Dónde está el dinero de los fideicomisos? ¿Por qué se eliminó el seguro popular? Un programa que con algo -poco o mucho- ayudaba. La soberbia, la estupidez y la falta de empatía con la niñez enferma, ha condenado a miles de padres de familia a la incertidumbre al no saber qué sucederá con la salud de sus hijos, con la vida de sus hijos, al no estar recibiendo sus tratamientos.
En salud, sin medicamentos, sin atención y solución a diversos padecimientos, ¿Podríamos afirmar que vamos bien?
En cuestión de economía, se afirma que vamos muy bien. No creo que pretendan burlarse de nosotros; sería demasiada crueldad. Mejor, deseo pensar que es por ignorancia, con eso de que hay tantos infiltrados en el gobierno que pretenden ser expertos y en realidad son aprendices.
En lo personal, considero que las mejores economistas somos las amas de casa. Quienes al ir a surtir la despensa regresamos con menos productos porque el gasto no alcanza.
Aunque el Gobierno afirme que la economía crecerá -el por ciento que digan- la realidad está ahí a la vista de todos. En la canasta básica, en la despensa de cada hogar. No en lujos, derroches o caprichos, sino en lo más elemental para vivir con dignidad o ¿por qué no decirlo? Para que millones de mexicanos sobrevivan.
¿Cuántos pequeñitos de madres trabajadoras, recibidos y atendidos en guarderías se quedaron sin su desayunito?
¿Quién dijo que vamos bien?
Qué decir de la inseguridad que estamos padeciendo. No se vale ya a mitad de un sexenio, estar culpando a gobiernos anteriores ¡YA BASTA! y no es por defender a los que ya no están ¡Por supuesto que no! Sino exigir que demuestren que están trabajando por brindar protección a todos los ciudadanos.
¿Cómo creer en quien pacta con la delincuencia? Si realmente no lo hubieran hecho, las Fuerzas Armadas ya hubieran puesto orden o al menos se observaría un mejor desempeño de ellas.
Y no porque no puedan hacerlo sino porque no se les permite. Ya sabe usted, estimado lector, hay que cuidar los derechos humanos de los demás aún de matones, envenenadores y demás delincuentes. ¿Qué hay de los derechos de nuestra policía, de nuestros soldados, marinos, Guardia Nacional?
¡Vaya ironía! Precisamente por eso, por la protección a la delincuencia, está el país en un estado de violencia extrema, al borde ya del colapso.
Las estrategias no se divulgan ¿Por qué se tiene que dar a conocer el armamento con que cuenta el Ejército? Ellos están para salvaguardar la seguridad de la Nación ante la amenaza de la delincuencia. Y lo estamos observando con los acontecimientos sangrientos, inhumanos y violentos cada vez con mayor frecuencia.
Nuestro país, nuestro hermoso México, es de todos, no de un gobernante, no de partidos políticos. Quien crea que vamos bien a pesar de todo lo que está sucediendo, es pretender ignorar la realidad.
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