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Quirarte, Vicente

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 dia

Querido Vicente:

Antes que nada, te felicito por el Conversatorio Homenaje y presentación de tu portal en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que se llevará a cabo el próximo lunes 25 a las 10:00 hrs. (CDMX) y 18:00 hrs. (hora española). Intervendrán Yolanda Santamaría, Ignacio Ballester Pardo; tu amigo, amiguísimo, Gonzalo Celorio y por supuesto tú, mi maestro del taller de los jueves de Elena Poniatowska. El evento se realizará en el Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti de la Facultad de Filosofía y Letras III de la Universidad de Alicante. Después de 60 libros, entre ensayo, narrativa y poesía, bien merecido lo tienes, mi querido Vicente.

Sé que entre estas obras has escrito mucho sobre fantasmas: “Fantasmas bajo la luz eléctrica”, “El fantasma de la prima Águeda”; te has referido igualmente a los fantasmas de los libros de Carlos Fuentes, así como a las historias de terror de Edgar Allan Poe.

Además de felicitarte, me animé a escribirte para decirte que en mi casa hay un fantasma. Se llama Albert Blair y fue el primer marido de Antonieta Rivas Mercado. Blair vino a México a apoyar a Francisco I. Madero y se quedó en el país. Con la ayuda de Antonieta, trazó urbanísticamente lo que se convirtió en las Lomas Heights, cuyos nombres de avenidas y calles fueron creados por Rivas Mercado. Generoso como era, Blair donó la escuela primaria, que se encuentra en el Paseo de la Reforma, un edificio de estilo muy de la época de los 40, pintado de azul cielo. Fue su nuera, Kathryn S. Blair, autora del libro “A la sombra del Ángel”, quien me contó que su suegro había muerto en la casa donde vivo y me dijo que a veces le daba mucha lata. Desde 1983, que compré la vivienda, he convivido con él en diferentes etapas de mi vida: divorciada y casada.

Te he de decir, Vicente, que me animé a llamar a un exorcista: “Señora, siento efectivamente una presencia. Pero se trata de un hombre muy bueno. Seguramente un filántropo. No puedo hacer nada. Tiene que traer a un sacerdote. Yo no lo haría porque la cuida a usted y a su hija”… ¿Que por qué estoy ahora tan asustada? Hace tres días mientras me encontraba totalmente dormida, sentí que una mano recorría mi cuerpo que yacía de lado. Lo sentí clarito. Pensé que se trataba de mi marido, pero él estaba en su habitación totalmente dormido. Creo que fue Albert Blair que tal vez vino a consolarme porque últimamente no me he encontrado bien de salud. Tú, que sabes mucho sobre el tema, dime: ¿cómo debo de actuar? Estos últimos días tardo mucho en conciliar el sueño porque temo que vuelva a aparecer el fantasma. Ya me dirás, porque sé que tú sí crees en los fantasmas.

Hace unos días leí el libro “Vivir es escribir con todo el cuerpo. Vicente Quirarte en sus 70 años”, publicado por la UNAM, en el cual participan más de 50 autores. Entre quienes escriben sobre ti, me gustó mucho el texto de la historiadora de arte Helena González, tu pareja desde hace varios años. En él te describe de cuerpo entero: “Vicente vive la mayoría de los días del año en una biblioteca-casa. No duerme con libros en el buró, pero sí amanece con ellos. Si le preguntan dirá que no es cierto, pero descubro que sus comentarios de desayuno giran en torno a las cuartas de forros, las guardas, las costillas y la tipografía de los libros. O menciona el invariable texto pendiente. O se confiesa enamorado de la encuadernación de una vieja edición. En ‘Merecer un libro’, dice que este fervor lo aprendió de su papá. Es una joya ese volumen. En él nos cuenta cómo fue que les puso casa y les da comida y sustento a esos objetos que le provocan ‘temblor estético’. Los trata como si fueran personas”.

Qué bonito lo que te escribió Gonzalo Celorio de la forma en que te conoció: “Conocí a Vicente Quirarte en los últimos años setenta, cuando era un joven melenudo, de peinado afro, cuya imagen, sedienta y apacible a un tiempo, me remitía al poeta adolescente Franz Kappus en busca de un Rilke que leyera sus poemas. Vicente lo encontró en la voz esculpida a fuerza de orfandades de nuestro maestro Rubén Bonifaz Nuño. Y en la lectura de Ramón López Velarde, Luis Cernuda y Gilberto Owen, de Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Herman Melville y H.P. Lovecraft, de Victor Hugo -ese loco que se creía Victor Hugo-… y Charles Baudelaire”.

Vicente, te felicito de corazón y nos vemos el lunes en tu Conversatorio.

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