Arte

Publicado el sábado, 25 de febrero del 2023 a las 13:49
Ciudad de México.- Antes de que se abrieran las taquillas del Palacio de Minería para ingresar a su Feria Internacional del Libro (FILPM) se había formado una fila, modesta en número, pero que al paso de los minutos y una vez disponibles los boletos fue constante.
La formaban, sobre todo, estudiantes, maestros, jubilados y niños, que aprovecharon la suspensión de clases en sus escuelas debido al Consejo Técnico de la Secretaría de Educación Pública, para acudir con sus familiares.
Fue, para muchos, una feria de reencuentro con los libros, tras dos años de suspenderse presencialmente por la pandemia de Covid-19; para otros fue la primera vez que la visitaban.
Por ejemplo, Eduardo Dávila, de 12 años, acudió ayer a conocerla con su abuelo Tomás, de 73, asiduo a la FILPM y dispuesto a recorrer el recinto universitario sin las aglomeraciones que la caracterizan.
“Traigo a mi nieto para que se interese por la lectura, pues al parecer sí le gusta leer”, dijo Tomás mientras buscaba un ejemplar de El diario de Greg, de Jeff Kinney.
Este año los lectores encuentran mayor amplitud, ante la ausencia de expositores como el Fondo de Cultura Económica (FCE), que ocupaba uno de los patios del recinto, o de la distribuidora Colofón, que agrupa sellos como Acantilado, Galaxia Gutenberg, Páginas de Espuma y Siruela.
Uno de los stand que más destacaban ayer, por su tamaño, era el de Penguin Random House, con libros que han mostrado gran atracción, como En la sombra, la biografía del Príncipe Harry de Inglaterra.
“Lo sentía todo más amontonado y ahora lo siento más ordenado”, opinó Hannia Valeria, estudiante de arte de 18 años, sobre la distribución de la feria. Ella acostumbraba asistir cada año con sus padres y ahora trae por primera vez a su novio, cuyos brazos sostienen un ramo de rosas rojas decorado de tal forma que parece la máscara del Hombre Araña.
Maru González, de 34 años; Brisa Pérez, de 22, y Karen Lizeth, también de 22, estudiantes todas de farmacobiología en la UNAM, siguieron la recomendación de sus maestros y antes de mediodía ya tenían lo que buscaban.
“Venimos a buscar libros que nos gusten, pero también que nos sirvan”, dijeron entusiasmadas.
Mientras tanto, el FCE cosechaba sus propios lectores a través de un “tendido de libros” que organizó a unos pasos de Minería, en el Palacio Postal.
Tras deslindarse de la FILPM, aduciendo altos costos en la renta de los espacios, el sello paraestatal recibía ayer un estimado de 200 visitantes, según número de sus libreros, quienes consideraron que la afluencia que registraban durante las primeras horas bien podía compararse con el flujo de público que habitualmente tenían en la feria.
Uno de ello, sin embargo, extrañó la convivencia con sus pares. “Aquí me siento apartado”, compartió.
Para conocer el programa de la FILPM, visitar: www.filmineria.unam.mx.
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