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Por
Erika González
Publicado el jueves, 1 de enero del 2009 a las 15:45
Monclova, Coah.- Obligada por la miseria en que vive, Manuela Jaime Galván sale a las calles de Monclova a recolectar de entre la basura comida y abrigo para sus cuatro nietos, a quienes tiene que mantener desde que su madre se fue de “mojada” a Estados Unidos en busca del sustento de sus hijos.
Las fechas navideñas no cambian en nada sus vidas, pero sí llena de sueños e ilusiones a la abuela y sus cuatro nietos, por eso lo único que piden tanto para Navidad como para fin de año es frijolitos, porque por lo menos ese día quieren dejar de alimentarse con los desechos que logran recolectar.
Juguetes ni pensar que lle-guen a la humilde casita, porque los pequeños lo que piden es comida, abrigo y cobertores que les permitan protegerse del intenso frío que penetra con fuerza por todas partes.
Cuatro inseguras paredes de concreto con techo de lámina y lona, es todo el refugio que tiene la humilde familia para protegerse de las inclemencias del tiempo, lo que ha obligado a dos pequeños a permanecer en cama a consecuencia de padecimientos broncorespiratorios.
Luego de que hace un mes su única hija, decidió buscar el sueño americano para alimentar a sus hijos, a sus 54 años de edad, doña Manuela amorosamente se hace cargo de cuatro nietos de 16, 10, 8 y 5 años de edad, lo que ha representado un gran sacrificio para la abuela, cuyo único ingreso al hogar es lo que logra pepenar día a día en los contenedores y almacenamientos de basura en las calles de la ciudad.
En lo más alto de la colonia, Lucrecia Solano en la calle 45, número 1402, se ubica la humilde vivienda, que en esta temporada invernal se convierte en un verdadero peligro para sus moradores, debido a que el intenso frío penetra por las viejas cortinas que cubren los huecos de puertas y ventanas.
Las líderes de colonia parecen ignorar las condiciones en que vive la familia, porque no han formado parte de la lista de beneficiarios de despensas, becas o juguetes que a veces reparten las autoridades municipales o alguna organización de beneficencia pública.
Sin duda, la época invernal es la de mayor sufrimiento para doña Manuela y sus cuatro nietos, porque el frío arriesga sus vidas ante la falta de recursos para protegerse.
“Así es la vida, nos toca sufrir mucho, pero yo hago lo que puedo para que mis nietos coman un poco al día”, dijo casi llorando la amorosa abuela de los pequeños.
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