Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 7 de agosto del 2023 a las 04:02
Ciudad de México.-En 1939, al término de la Guerra Civil Española, José Luis Benlliure Galán (1928-1994) llegó a la Ciudad de México con apenas 11 años.
Para finales de ese siglo, la urbe que recibió a su familia de republicanos, como un acto de reciprocidad no planeado, habría de ser ayudada por él a levantarse después de un sismo que la dejó malherida.
Y es que caminar por el Centro Histórico de la capital es toparse, aunque uno no lo sepa, con la marca del arquitecto, de quien este año se conmemoran los 95 años de su nacimiento.
Baste como ejemplo una de las estampas más emblemáticas de la vida cotidiana de la ciudad: la Plaza del Palacio de Bellas Artes, con sus fuentes y jardineras, recuperada para los peatones después de haber sido un estacionamiento.
Nieto del célebre escultor valenciano Mariano Benlliure e hijo del también arquitecto José Luis Benlliure López de Arana, Benlliure Galán es además recordado como autor de edificios notables de la urbe, como el Conjunto Aristos, en la colonia Hipódromo Condesa.
Este emblema de la modernidad, inaugurado en 1961, da cuenta no solo de su destreza como proyectista, sino de su mano como artista completo, pues él mismo es creador del bajorrelieve de cantera blanca que lo adorna.
No obstante, en una celebración del Inbal por su 95 aniversario, la dependencia decide recordar una faceta paradójicamente desconocida de su carrera: su tiempo como proyectista del exDepartamento de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Nacional.
Es ahí, en su última etapa profesional, donde desarrolló diversos proyectos que, aunque son de sus más visibles, menos se reconocen como suyos, y que constituyen parte de sus esfuerzos por reconstruir la Ciudad de México tras el sismo del 19 de septiembre de 1985.
Actualmente, el Museo Mural Diego Rivera presenta la exposición Cimientos, Archivo José Luis Benlliure, una revisión de este esfuerzo que comienza con el propio recinto que la aloja.
Tras los daños sufridos en el edificio del Hotel del Prado, fue Benlliure Galán quien se encargó de dar un nuevo hogar a Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, el mural de Rivera que se exhibía en el vestíbulo.
Se trata, a decir del arquitecto Ricardo Cruz, asesor de curaduría de la exposición, de un proyecto peculiar, porque primero se realizó el traslado del mural y luego, en un predio que solía ser un estacionamiento, se construyó el edificio en torno suyo.
Todas las obras del arquitecto después del sismo comparten esa vocación por restarle protagonismo innecesario a los edificios para privilegiar a la ciudad y a sus necesidades después de la tragedia.
“
El entendimiento de cómo resarcir la fisionomía de una ciudad, el cómo devolver, o cómo integrarse de forma armónica con un contexto ya establecido, con su propia historia, densidad y cultura”, define Cruz.
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