En los últimos años, Red Bull se ha vuelto una marca imposible de ignorar. Sale en la Fórmula 1, en el futbol, en todos los eventos deportivos y en videos de personas haciendo cosas bien extremas.
A mí, más allá de la bebida, me interesa su modelo de negocio.
Porque una cosa es vender una lata y otra muy diferente es construir un universo que haga que millones de personas quieran comprarla.
Red Bull entendió que la aspiración también se puede envasar.
Cuando alguien compra una de esas latas, paga por una bebida, claro. Pero también por lo que representa: energía, velocidad, rendimiento, juventud.
La fórmula está dentro del envase. Buena parte del valor está en nuestra cabeza. Y ahí empieza lo interesante.
La bebida llegó al mercado austriaco en 1987, después de que Dietrich Mateschitz encontrara una oportunidad en las bebidas funcionales de Asia. Su mérito fue adaptar el producto y construir una propuesta capaz de conquistar otros mercados.
Casi cuatro 40 años después, las dimensiones se ven muy bien: en el 2025, Red Bull vendió 13 mil 969 millones de latas y marco una facturación de 12 mil 196 millones de euros, según sus números. Sus ventas crecieron 10.2% vs al año anterior. Hablamos de una marca presente en 178 países.
¿Cómo se construye semejante negocio?
Una parte de la respuesta está en entender por qué un consumidor acepta pagar más.
En muchas empresas, la platica sobre rentabilidad empieza y termina con los costos: conseguir un proveedor más barato, reducir gastos, negociar otro descuento. Todo eso sirve. Pero tiene un límite.
Construir una marca que el consumidor busque, reconozca y prefiera abre otra cosa: competir por significado.
Red Bull lleva años relacionando su nombre con personas que superan límites. El resultado es una promesa reconocible incluso para quienes jamás han probado la bebida.
Eso permite cobrar por algo que una lista de ingredientes no explica.
La segunda pieza del modelo es todavía más interesante: su relación con el entretenimiento.
Muchas marcas pagan para aparecer durante un evento. Red Bull también participa en patrocinios, pero ha desarrollado la capacidad de producir eventos y convertirlos en contenido.
El salto estratosférico de Felix Baumgartner, en 2012, lo demuestra. La locura se convirtió en una historia mundial relacionada con la marca.
La gente quería ver qué iba a pasar.
No conozco otra empresa que su comunicación despierte esa expectativa.
Red Bull Media House, fundada en 2007, produce y distribuye contenidos de deporte, cultura y estilo de vida, y también licencia eventos y producciones audiovisuales. Es una operación de medios que extiende la presencia de la marca mucho más allá del anaquel.
Y cuando participa en la propiedad de equipos deportivos, aparece otra dimensión del negocio.
Un anuncio tiene una duración establecida. Un equipo puede desarrollar aficionados, generar ingresos, construir historia y adquirir valor con los años.
Eso no significa que cualquier inversión deportiva sea rentable. Tampoco que comprar un equipo convierta automáticamente el gasto en publicidad en una buena inversión.
Significa que la relación entre marca, audiencia y patrimonio puede ser mucho más estructurada.
Red Bull ha construido un círculo virtuoso: la bebida financia presencia en el deporte y el entretenimiento; esa presencia alimenta el deseo por la marca; ese deseo ayuda a vender más bebidas.
La lata mantiene al espectáculo. El espectáculo vuelve codiciada a la lata.
claro, el modelo tiene riesgos. Lo fuerte de una marca no elimina la competencia ni garantiza que los hábitos del consumidor cambien.
No quiero que se entienda esto como que cualquier empresa puede replicar esta historia gastando más en publicidad.
Hacen falta consistencia, ejecución, distribución y una propuesta que el cliente realmente aprecie el valor.
Para quienes hacemos empresa en México, la pregunta es qué estamos construyendo alrededor de lo que vendemos.
¿El cliente nos elige solamente cuando ofrecemos descuento?
¿Puede explicar qué nos hace diferentes?
Son preguntas dificiles. También necesarias.
Vender más barato siempre tendrá competidores.
Red Bull vale la pena analizarlo: ha logrado que una bebida este en diferentes conversaciones de hazañas, velocidad y locuras humanas.
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