El momento más crítico de la historia posrevolucionaria de nuestro país debería ser abordado con la mayor seriedad posible, no como “anillo al dedo” para usar como pretexto ante los malos resultados, sino como oportunidad para realmente establecer un proyecto sustentable de nación que no dependa de los caprichos de un individuo.
Como he venido exponiendo, ese proyecto debería ser conducido por cuatro grandes ejes y concretado por múltiples liderazgos en todas las esferas de la vida pública, bajo la convicción de que el nuestro no debe ser más el país de un solo hombre.
La semana pasada exponía algunas ideas sobre las condiciones individuales necesarias para reducir la desigualdad de manera efectiva, rompiendo con la tradición paternalista del Estado y dotando a cada ciudadano de las herramientas necesarias para prosperar. Hablemos ahora de aquellas condiciones que son ajenas a los individuos.
La primera y fundamental es el respeto al estado de derecho. Las leyes deben de dejar de aplicarse a voluntad de quienes gobiernan. Cada ciudadano debe tener garantizado su acceso a la justicia. Por supuesto que esto es algo que no se consigue de la noche a la mañana, sino que se debe construir utilizando mecanismos creativos que reduzcan los espacios para la arbitrariedad.
Esto no es posible si seguimos idealizando la figura del mesías que un día llegará y salvará a la nación. La historia ya nos ha dado bastantes muestras de que, entre más mesiánico sea el personaje, peores resultados entrega.
Precisamente, su megalomanía los lleva a hacer de la ley lo que se les ocurre cada día, bajo el supuesto de que todos los demás la deben seguir, menos ellos que son libres de pasar por encima gracias a su condición impoluta e incorruptible.
Garantizado el estado de derecho es fundamental reducir las brechas de acceso, y en estos tiempos, sobre todo, a las tecnologías. Pero no se trata solamente de poder comprarlas o de que haya señal en todas las casas.
Eso es importante, sin duda, sin embargo, todavía lo es más la capacidad para utilizarlas, sacarles el mayor de los provechos y, mejor inclusive, desarrollar nuevas soluciones tecnológicas.
Necesitamos también desarrollar infraestructura y esto en tres sentidos. Por un lado, aquella necesaria para que las micro, pequeñas y medianas puedan consolidarse y crecer. Además, la que se requiere para que las personas y las mercancías puedan trasladarse de la forma más eficiente posible. Y, por supuesto, aquella destinada a brindar servicios públicos en cantidad y calidad, en tiempos en que las ciudades se expanden y se dificulta la atención equitativa a todos los sectores de la población.
Dado lo limitado de los recursos públicos, debemos pensar seriamente en esquemas mixtos de inversión, que representen oportunidades para inversionistas con un elevado sentido social.
Finalmente, pero no menos importante, necesitamos establecer mecanismos de contraloría social y defensa de derechos efectivos y eficientes, destinados no solo a la protección de los grupos más vulnerables, sino también a su formación cívica, que los conduzca a responsabilizarse por sus obligaciones ciudadanas, porque también en eso nos urge igualdad.
¿Qué piensas sobre todo esto? ¿Qué más nos hace falta? Sigo escuchándolos con gran atención.
Más sobre esta sección Más en Coahuila