Coahuila
Por
Paola A. Praga
Publicado el jueves, 1 de enero del 2015 a las 16:05
Saltillo, Coah.- Hace 104 años, Casa del Niño de Torreón funcionaba como albergue que recibía a niñas que ayudaban a las soldaderas a acarrear agua, desgranar el maíz, palmear tortillas, lavar la ropa y preparar la comida. En 1910 también arropaba a niños mensajeros, a los que limpiaban armas y que junto con sus familias se sumaron al movimiento de la Revolución Mexicana.
Los enfrentamientos armados, además de muertos, dejaron huérfanos. El albergue inició con la atención a menores abandonados en casas de renta de la época revolucionaria, tiempo en el que era tradición que los niños de escasos recursos asistieran hasta los 7 años en las labores de la casa.
EN TIEMPOS DIFÍCILES
En el Torreón de aquellos años, las niñas permanecían junto a su madre ayudándole hasta que se casaran, muchas a corta edad. Los niños debían trabajar en el campo para cooperar en el hogar, vestían de la misma forma que los adultos, porque así era su vida.
En las haciendas era común ver a los padres de familia arando la tierra mientras su hijo sembraba y si había algún compañero que no tuviera hijos, otro le prestaba a uno de los suyos para que fuera su sembrador. En 1910, cuando estalló la Revolución Mexicana, cientos de niños se fueron junto con su familia a la guerra.
Viajaban con sus padres de un lado a otro, además de tener obligaciones: tocar el redoble en los tambores, de aguadores, caballerangos o mensajeros. A las niñas les tocaba ayudar a sus madres o a las soldaderas a preparar la comida en fogatas improvisadas, a doblar la ropa de los soldados, ordenar las carrilleras.
Tenían entre 5 y 10 años; los recién nacidos veían la luz del sol en vagones de ferrocarril o a la intemperie. Muchos de ellos quedaron huérfanos, muchos de ellos integraron las primeras generaciones de Casa del Niño.
“La iniciativa era de personas que querían ayudar, que recibía a los huérfanos de la Revolución, porque en ese momento hacía falta cuidar a esos pequeños que fueron perdiendo a sus padres, a sus familiares que se fueron a la Revolución”, explica María Gloria de la Rosa, quien desde hace cuatro meses dirige el albergue.
Cientocuatro años después Casa del Niño ahora atiende a menores desplazados por la violencia que se vive en las colonias que habitan y a los que han quedado sin padres, que por estar vinculados con la delincuencia organizada y por extensas jornadas de trabajo no pueden atender a sus hijos.
TECHO Y COMIDA
En el número 1000 de la calle Huachichiles, en la colonia El Tajito, en Torreón, Coahuila fue creado en 1983 el espacio para albergar a niños en situación de riesgo. Luego de que se conformara el patronato lagunero, integrado por familias altruistas y empresarios.
La mayoría de los niños de este albergue son hijos de madres solteras o padres abandonados. Las mamás suelen trabajar en maquiladoras o como empleadas domésticas, y por lo tanto tienen ingresos mínimos.
Por sus trabajos, los padres de familia acostumbran dejar a sus hijos encerrados en casa y en una evidente situación de peligro. En otros casos no son enviados a la escuela y los niños se la pasan en la calle jugando, pero expuestos al crimen.
“En esas circunstancias, los pequeños corren mucho peligro y por eso en Casa del Niño les brindamos atención, queremos enviar el mensaje de que hay apoyo, de que se les puede cambiar el destino a estos niños, a estas niñas que muchas veces se quedaban encerrados mientras su mama trabajaba o jugando en la calle sin vigilancia, sin saber si iban a la escuela”.
La mayoría de los niños vive en colonias conflictivas de la Región Laguna, como la Polvorera, Vicente Guerrero, Zaragoza Sur, Nueva Laguna Norte, Eduardo Guerra, Monte Real, Villas Universidad; Zaragoza, Durango, y otras comunidades como Nazas, Durango, con un trayecto de hasta dos horas.
En Casa del Niño permanecen de lunes a viernes acudiendo al kínder y primaria matutina por la tarde reciben clases de regularización de español, matemáticas y computación, mientras que los viernes por las tardes se trasladan a la casa de sus padres o familiares.
“Tenemos también casos en los que las madres tienen diferentes parejas, en ocasiones están en riesgo porque no son hijos biológicos y se dan casos de maltrato, existe el riesgo de que puedan ser agredidos o expuestos a todo tipo de abusos”.
CIUDADANOS DEL FUTURO
En las paredes del salón de clases están pegados dibujos que fueron hechos por manos pequeñas, eso no impide que las representaciones de monstruos y de sangre llenen las hojas máquina que penden de los ladrillos, parte el corazón pensar en que las imaginaciones que planearon esos trazos fueron seres pequeñitos, que sólo debieran preocuparse por jugar.
Con sus años de experiencia, De la Rosa afirma que la preocupación de los niños que quedan solos, producto del abandono de sus padres y la delincuencia, es alta, razón por la que en el albergue se han abierto las puertas para quienes se encuentran en riesgo social.
De nada les vale ya llorar, son niños que no piden más que atención, comida y techo, muchos son retraídos e inquietos al llegar, y es que la violencia doméstica que se vive en los cientos de hogares coahuilenses, aunada al crecimiento de consumo de alcohol y drogadicción lleva a los padres a maltratar y desatender a los hijos.
El problema es grande y grave. Estadísticas de la Procuraduría de la Familia en Coahuila revelan que 733 menores se encuentran en albergues, 279 internos por la dependencia y 454 voluntarios, son niños que tienen de 2 a 15 años.
Las miradas y el color de piel no pueden ocultar que el niño dejó de ser prioridad para sus padres. “Físicamente se les ve el deterioro, pero nosotros también pedimos a los padres, al familiar, al tutor a que se involucren en el tema de su recuperación, muchos son agresivos o tiene malas conductas.
“Vienen de situaciones muy tristes y no puedes tener una filosofía de ‘se te va a castigar’, ¿cómo? Si ya bastante la vida los ha castigado, pero estamos formando ciudadanos y tienen que vivir las consecuencias de sus conductas inapropiadas”, explica De la Rosa.
CUNA DE SANGRE
Los casos crudos abundan. Israel, es una de las historias que son ejemplo para el equipo de bienhechores: Su mamá fue asesinada por una situación relacionada con el crimen organizado, era madre soltera y el niño quedó huérfano, solo con su abuela, adulto de la tercera edad.
“Su abuelita lo trajo a la Casa Hogar, pidió ayuda, es un niño que se espera que tenga una preparación y futuro mejor que su mamá, eso es nuestro empeño, que de verdad logren ser personas de bien.
“Tenemos muchos casos en que los traen porque vivían en colonias que estaban en riesgo. Las mamás dicen ‘me da miedo porque no podemos dejarlos’. Había balaceras, dicen que se llevaban a los niños, que tenían mala influencia, son niños que llegan con un lenguaje de adulto, no bien formado, que tienen ganas de salirse, de escaparse, de un entorno donde había drogadictos, crimen organizado”.
CAMBIO RADICAL
Los menores reciben atención especializada a través de psicólogo, trabajadora social y guías que se encargan de atenderlos en los turnos matutino, vespertino y nocturno. En Casa del Niño está prohibido gritarles y maltratarlos físicamente.
“Poco a poco cambian sus actitudes. Llegan con problemas de conducta porque son agresivos y desobedientes, pero es porque han sido maltratados”, afirma De la Rosa, quien fungió como guía de español antes de ser directora de esta institución, y ha comprobado que si los niños son tratados con amor y respeto, tienen un cambio positivo.
Por ejemplo, en el albergue se les acostumbra a tener su espacio limpio. En los dormitorios las camas están tendidas, es un espacio prolijo, ordenado, que recibe al visitante con una hilera de zapatos y tenis limpios, que fueron colocados por los propios pequeños en la entrada de cada cuarto.
“Ellos tienen derecho a tener una experiencia de vida diferente. Desde niños conocen las ofensas, los golpes, la pobreza y los riesgos, y es necesario ayudarlos para salir de ese círculo”.
COSTO ELEVADO
La casa eroga un promedio de 120 mil pesos mensuales porque el sostenimiento de cada pequeño va de los mil 500 a los 2 mil pesos.
Además, la asociación civil paga nómina, agua, luz, electricidad, entre otros servicios básicos. Sin embargo, se sostiene con donativos en especie como ropa y alimentos, además de algunas aportaciones económicas y en especie que se mantienen por parte de empresarios.
“De no recibir esa atención integral, los niños estarían expuestos a situaciones que ponen en peligro su integridad y dignidad, pues pertenecen a familias de escasos recursos con diversos problemas”.
La misión de Casa del Niño es proporcionarles todo lo necesario para su educación y desarrollo integral: albergue, alimentación, ropa, calzado, atención médica, y por eso, uno de los objetivos principales es obtener más recursos para atender a un mayor número de niños en riesgo.
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