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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 11 de diciembre del 2021 a las 04:30
Ciudad de México.- Cómo reaccionar a una provocación cuando el abuso ha sido reiterado, cuando el ejército ha agredido y ofendido a los pueblos indígenas desde hace décadas.
Esto se cuestiona el escritor mixteco Florentino Solano (Guerrero, 1982), galardonado este año con el PLIA, el Premio de Literaturas Indígenas de América.
Para el autor, este galardón tiene un sabor agridulce: por un lado, se siente orgulloso que su trabajo, el cual refleja la dinámica compleja de su comunidad, haya sido reconocido, pero, en otro sentido, asoma cierta amargura, esto debido al carácter del texto laureado, que trata sobre los reiterados abusos de las autoridades hacia las poblaciones originarias.
El PLIA, que antes ha reconocido a escritores como Juana Peñate, Jorge Cocom Pech y Esteban Ríos Cruz, recayó este año en Solano, oriundo de la localidad guerrerense de Metlatónoc, por la crónica La Danza de las Balas, basado en un enfrentamiento que su comunidad tuvo con el Ejército.
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Me da mucha alegría poder escribir mi nombre en la larga lista de reconocidos autores que han ganado este reconocimiento, pero también es difícil, porque el texto está escrito a partir de un acto violento, que afectó mucho a la memoria colectiva de mi pueblo”, definió en entrevista el joven autor, quien escribió el texto en ñuu savi.
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Históricamente, los pueblos originarios han estado lastimados, han estado siempre bajo un azote de violencia constante; eso ha sido desde que yo tengo memoria. Siempre que hablamos de los pueblos originarios hablamos de la violencia, pero es una violencia que viene del Estado”, añadió.
Su crónica parte del 25 de septiembre del año 2000, cuando, durante una procesión de las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel, un militar disparó una bala hacia una concentración de personas en medio de la fiesta porque no soportó una broma de uno de los danzantes.
La confrontación escaló, y la comunidad, harta de los abusos, decidió responder a la agresión y desarmar y encarcelar a 14 militares.
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Siempre ha habido enfrentamientos. No podemos olvidar las matanzas de Acteal y Aguas Blancas, y lo que ha sucedido en Ayotzinapa; ha habido un azote constante”, recordó Solano. “En mi pueblo yo también viví muchas experiencias difíciles de los encuentros que hemos tenido con el Ejército.
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Y todo eso se va guardando y se recoge en la crónica, que también tiene una intención de alzar la voz para que se den a conocer estos hechos. Es una manera de decir que esto no se olvida, que nos ha pasado, pero aquí seguimos”, advirtió el autor.
Uno de los motivos por los que Solano escribe es para no olvidar. Ni él ni su comunidad ni el país. Hay que mantener viva la memoria para evitar que se repita, dijo, y escribir en lengua originaria para que la comunidad resguarde su historia, para que se genere el diálogo y se abra la conversación en torno a esta violencia sistemática.
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Los pueblos debemos hablar, decir lo que pensamos, lo que queremos, contar nuestra propia historia, no que alguien hable por nosotros o escriba nuestra historia, como ha ocurrido durante tantos años; el pueblo puede hablar por sí mismo, y eso quiero lograr con esta crónica: que se reivindique a los pueblos a partir de nuestra propia voz”, destacó Solano.
La crónica La Danza de las Balas resultó galardonada de manera unánime con el PLIA porque es un texto que “narra de manera precisa un suceso público desde el punto de vista de un testigo presencial; es la crónica de hechos violentos en las comunidades de Guerrero que no está en los medios de comunicación, pero está en la memoria colectiva; esta crónica describe literariamente un hecho trágico, el disparo de balas en la procesión de una fiesta comunitaria, la respuesta de la población y la mediación entre las normas consuetudinarias y las leyes del Estado”, se lee en el acta del jurado.
El premio, dotado con 300 mil pesos, es impulsado por la Universidad de Guadalajara, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) y la Secretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Culturas Populares, Urbanas e Indígenas y el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), así como por la secretarías de Educación y de Cultura de Jalisco.
En esta edición se destinó al género de la crónica y se inscribieron 33 textos en 27 lenguas originarias de México, Argentina, Guatemala y Perú.
El galardón le fue entregado a Solano la semana pasada en el marco de la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
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