Muy próximo está el momento en que las escuelas abran sus puertas para recibir a sus alumnos. Eso es lo que se espera siguiendo la disposición de la Secretaría de Educación y por instrucciones del presidente López Obrador.
Desde el anuncio que hiciera el propio presidente con la advertencia de “llueve, truene o relampaguee” se regresaría a clases presenciales.
De inicio y como propuesta resulta una buena medida porque ya, tanto padres como alumnos y maestros, desearían que las actividades se realicen en los centros escolares y no en casa de manera virtual como se ha venido haciendo desde el inicio de la pandemia.
Sin embargo, siempre debe hacerse analizar y ver los pro y los contras de estar físicamente en un lugar como también estar a distancia.
Año y medio de encierro, sin tener el contacto con el mundo exterior que todo ser humano necesita. Tiempo en el que, la aparición de un virus que a todos nos sorprendió, de alguna manera nos obligó a todos a alejarnos de nuestras actividades.
Niños a casa, escuelas cerradas, negocios y empresas obligados a cerrar. Han transcurrido los días, los meses y ya llevamos año y medio en los cuales se ha observado que el encierro no ha sido la mejor solución a la problemática existente. Siguieron los contagios que llevaron a la muerte a cientos de miles de mexicanos por la mala planeación y estrategia de la pandemia.
Los estudiantes han continuado su preparación escolar a distancia; sin embargo, en la mayoría de los casos no ha funcionado como se hubiera esperado. Ni maestros, mucho menos los padres de familia estaban preparados para una situación como la que tuvieron que ejercer desde casa frente a una pantalla. Menos aún los niños, sobre todo los pequeñitos que iniciaban su etapa de socialización y aprendizaje.
Era de esperarse. La naturaleza del ser humano es ser sociable, por lo tanto, el encierro no era la solución a largo plazo.
Se entiende que por protección se realizaron todas las medidas que se implementaron, como el quedarse en casa, sin embargo, no se justifica que, en plena pandemia, cuando se dice que existen más riesgos con la llegada de la variante Delta, que está atacando a menores y jóvenes, se pretenda que los niños regresen a clases.
No se justifica por una sencilla razón: Si querían abrir de nuevo las escuelas ¿por qué no se tomaron las medidas urgentes y necesarias para garantizar que los alumnos lleguen a un lugar seguro?.
Limpieza en todas las áreas, poniendo énfasis en sanitarios. Arreglo de los salones (algunas escuelas vandalizadas) checar que haya agua y revisar drenaje.
No hay que olvidar que los centros escolares estuvieron muchos meses cerrados, sin vigilancia, por lo tanto, se requiere que el gobierno preste mayor atención. Se necesita, además, proporcionar los insumos, como son termómetros para tomar la temperatura corporal del alumno antes de ingresar al plantel.
Todo eso y más, debieron tomarlo en consideración y con anticipación, en gobierno y dependencias como la Secretaría de Salud y de Educación. Haber tomado acciones concretas y urgentes para no exponer a los alumnos y docentes a riesgos innecesarios.
Se debieron tomar medidas preventivas y no como siempre al “ahí se va”.
Algo que debería implementarse tanto en casa como en la escuela, valores que lamentablemente se han ido perdiendo y que hay que recuperar. Respetar los espacios y lo que hay en ellos. No desperdiciar el agua, el papel, no rayar paredes ni puertas; no escribir tonterías en ellas como en ocasiones sucede. Higiene para preservar la salud física y mental.
Inculcarles a los niños que todos nos tenemos que cuidar. Y los padres de familia y maestros trabajar de la mano en la formación del niño, tal y como lo hicieron un día nuestros padres.
Otra época, sí. No obstante, con todo lo que nos ha tocado vivir y sobre todo a las nuevas generaciones, hay que tener presente el amor a nuestra Patria, el conocimiento de nuestra Historia no distorsionada ni parchada; el respeto a las instituciones y a nuestros semejantes.
Todos extrañamos la convivencia en familia, las reuniones con amigos; el café platicado con amigas, nuestras actividades culturales, artísticas, deportivas.
Los niños, los más pequeñitos se perdieron la oportunidad de ir por primera vez a su escuela, no hubo llanto el primer día de clases al desprenderse de la mano de mamá. No hubo la alegría de llegar a contar que tenía un amiguito nuevo, qué aprendió jugando o si cantó o bailó en su clase. Tampoco gozó de su “graduación” de kínder porque todo fue virtual dadas las circunstancias que se vivieron.
En estos tiempos difíciles para todos, donde el saludo, el abrazo dado y recibido con cariño se extrañan, es una necesidad ir retomando nuestras actividades, lo entendemos. Sin embargo, hay que hacerlo con responsabilidad, que autoridades y gobierno garanticen instalaciones seguras y no solo den órdenes de un regreso a clases, sin medir consecuencias. La salud hay que cuidarla porque la vida, si se pierde, no retoña.
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