Arte

Publicado el jueves, 29 de julio del 2021 a las 05:00
Ciudad de México.- La Filarmónica de Nueva York encomendó a Gabriela Ortiz (México, 1964) una obra alrededor de la relación entre Robert y Clara Schumann.
Ningún otro compositor mexicano había sido comisionado por la orquesta desde 1964, cuando Carlos Chávez compuso su Sinfonía No. 6 para abrir su temporada en el Lincoln Center con la dirección de Leonard Bernstein.
El encargo llevó a Ortiz a empaparse de los Schumann, y quedó sobre todo sacudida al leer una cita de Clara Wieck, apellido de soltera de la eminente pianista y compositora del siglo 19, pareja y musa del músico, donde mostraba sus ambivalentes sentimientos hacia su arte: “Alguna vez creí que poseía talento creativo, pero he renunciado a esta idea”, escribe: “Una mujer no debe desear componer; nunca ha habido una capaz de hacerlo. ¿Debo esperar ser yo la que lo haga?”.
Su biógrafa, Nancy B. Reich, plantea en su libro Clara Schumann: The Artist and the Woman que durante su matrimonio asumió muchos de los roles que la sociedad esperaba de ella como esposa del compositor, desde copiar su música y acompañar a grupos donde él dirigía, hasta estrenar casi todas las obras para piano de su marido a lo largo de su vida, y aún después de muerto, así como hacer arreglos de sus obras instrumentales.
Un rol en las sombras a pesar de haber sido una niña prodigio.
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Eso que dice ella (sobre su trabajo) me dejó impactada, porque ella misma lo asume como un músico que no tiene el derecho a dedicarse a la composición, que las mujeres no deben dedicarse a ello”, expone en entrevista Ortiz.
Por ello su pieza será una contestación contundente, su antítesis.
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Pienso que esta obra es una respuesta, diciéndole: ‘Tenemos el mismo derecho y podemos hacerlo’. La respuesta soy yo misma, que estoy escribiendo una obra. Nos ha tomado mucho tiempo llegar hasta donde estamos; ha sido una lucha ardua como mujeres, pero aquí estamos”, responde.
A la par, resalta la relación intensa y de admiración entre los Schumann.
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Él le debe mucho a Clara. Su Concierto para Piano en La menor está influenciado por el primer concierto que escribe Clara. Una relación intensa y conflictiva, (porque) Robert era un personaje conflictivo”.
Presa de las alucinaciones, intentó suicidarse arrojándose al río Rhin; fue rescatado por pescadores y permaneció en una clínica siquiátrica, donde murió. A Clara no le permitieron visitarlo sino hasta dos días antes del fallecimiento, enviudando a los 37 años.
“Al principio (de la obra) hay una especie de retrato a Clara y después a Robert. El retrato a Robert es una parte mucho más intensa, mucho más conflictuada”, adelanta Ortiz.
Otra de las premisas de la nueva pieza será traer a Clara y Robert al foco de América Latina.
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¿Qué pasa si vienen Clara y Robert a mi mundo, a América?”, se pregunta la mexicana.
La compositora recibió el correo electrónico con la invitación de la orquesta neoyorquina el pasado 10 de mayo; su regalo del Día de las Madres.
Con ello, Ortiz se sumaba a Chávez como los únicos mexicanos en recibir tal encargo en casi un siglo de comisiones de la NY Phil, según sus registros desde 1925. Lo que hay detrás, dice la compositora, es trabajo, disciplina y dedicación.
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Son horas y horas que paso en mi estudio rompiéndome la cabeza para ver cómo voy a resolver un problema musical. Pienso que el esfuerzo ha valido la pena cuando tengo estos alicientes enfrente”, cocluyó.
La música, recalca, la ha salvado de muchas cosas en la vida. “Es un arma que me ha sacado adelante”.
Además, la pandemia ha sido más llevadera con ella, dice Ortiz, quien sufrió el año pasado la muerte de su padre, Rubén Ortiz, arquitecto y músico, fundador de Los Folkloristas.
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