Internacional
Publicado el lunes, 26 de enero del 2015 a las 19:08
Medellín, Col.- Borrachos, apostadores, buscapleitos, jóvenes que aprenden a fumar, saldrán de vuelta a casa de un momento a otro, y se convertirán en el blanco preferido de un misterioso espanto del noroccidente de Colombia.
Dicen que vientos helados anticipan su presencia, y que en las noches sin luna es fácil confundirlo con las sombras de los árboles. En especial bajo el sopor etílico.
He aquí otros indicios que confirman al infortunado que sí ha visto lo que preferiría no haber visto: el aullido de perros, cadenas que se arrastran por el suelo; el taqueteo de cascos sobre el empedrado… Finalmente, la figura de un hombre altísimo, envuelto en una ruana negra, apenas visible bajo las alas de un sombrero tan grande que casi le llega a los pies.
Este sombrero le da nombre y lo hace temible.
“Si te alcanzo, te lo pongo”, amenaza. La leyenda de “El Sombrerón” es tan antigua, que algunos lo consideran el espanto más viejo del departamento de Antioquia, en el noroeste de Colombia.
Según la página del investigador de la Universidad del Centro del Perú, Alejandro González, también se habla de él en México y Guatemala.
La tradición más larga, sin embargo, pertenece a Colombia, en Antioquia y también Tolima, y el punto más alto de su “carrera” lo alcanzó durante la primera mitad del siglo XIX.
Se dice que entonces aparecía a intervalos regulares, los viernes por la noche, en las calles de Medellín.
Se lo describe como un hombre corpulento, que se hace acompañar de dos perros negros, agarrados por gruesas cadenas, y que monta una mula, también negra.
Unos dicen que el sombrero lo cubre entero; otros, que no tanto: que bajos sus alas se puede ver que tiene una calavera por cabeza.
Algunos aseguran que una versión femenina de El Sombrerón asusta a los mujeriegos.
Poco habla la leyenda de su origen o sus motivos. Lo que se “sabe” es que sus intenciones son menos macabras que la fama que lo precede. Lo suyo es poner a correr a sus “víctimas”. El Sombrerón es, pues, un asustador profesional.
Tiene su “corazoncito”
En contraste, El Sombrerón guatemalteco es un personaje de tan pequeña estatura, que se lo confunde con un duende.
Lleva botas de cuero con espuelas de oro, al hombro una guitarra de plata, y anda de un lado a otro con cuatro mulas, según cuenta la página para niños de la Organización de Estados Americanos.
Esa misma página relata que El Sombrerón se enamoró de una joven muy hermosa, llamada Celina, a la que conquistó con dulces serenatas frente a su ventana.
Celina quedó prendada del hombrecillo, pero los vecinos, que lo creían el “puritito duende”, alertaron a sus padres, que encerraron a la joven en un convento.
Allí murió de tristeza.
Hasta el velatorio se acercó El Sombrerón, que le cantó, el corazón lleno de dolor.
“Estoy tan mal hecho que desde aquí mi amor perdí, que el mal me parece bien y el bien es mal para mí”, decía.
Se cuenta que cada año, en el aniversario de la muerte de Celina -que coincide con el día de Santa Cecilia- se lo escucha rondar la tumba de la joven, con su triste canto.
El Sombrerón también aparece referido por el escritor Miguel Ángel Asturias, como un “Satanás de hule” que adoptaba la forma de un sombrero, “el sombrero del demonio”.
De profesión “espanto”
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