Vida
Por
Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 24 de octubre del 2026 a las 10:40
J. Wolf | Yo quería mucho a mi perro, era mi único amigo en las buenas y las malas, salíamos a todos lados siempre juntos y siempre animados. Hasta que un día cuando creímos estar perdidos, llegamos a un lugar en medio del bosque donde había unas chozas abandonadas y rastros de un pueblo que ya no existía, mi amigo olfateó algo, algo en alguna parte que le llamó la atención enseguida, yo lo seguí y me di cuenta que el cachorro había encontrado un artefacto extraño, una especie de cofre de estilo antiguo y ostentoso, una cajita con una leyenda escrita en un idioma desconocido.
La abrí.
Y de pronto una nube negra de polvo se manifestó frente a mis ojos, mi perro brincaba de alegría mientras yo me quedé helado observando aquello convertirse en una especie de humano extraño y antiguo.
– Gracias por abrir la caja, humano – me dijo mientras mi perro aullaba y gemía frotándose en mis piernas.
– ¿Quién es usted? – pregunté con extrañeza.
– Ahora mismo no importa, lo importante es que tengo un obsequio para ti.
– ¿Un obsequio? – pregunté.
– Así es, por darme la libertad, te concederé tres deseos –
Mi perro se movía entusiasmado mientras yo había escuchado aquello, no supe qué decir de inmediato pero el sujeto frente a mi lo supo al instante.
– Parece que tu perro, quiere pedir algo – dijo con una mirada traviesa.
– Veamos – le dije – ¿Puedes hacer que mi perro hable?
– Oh vaya, claro que sí – dijo emocionado.
Mi perro saltaba y parecía incluso reír de alegría mientras yo había pedido aquello
– Solo tienes que decir, ‘Yo deseo’ y lo que pidas, se hará realidad – termino diciendo
– Entendido – Respiré hondo y sin pensarlo mucho dije – Yo deseo que mi perro pueda hablar
Mi perro jubiloso se acercó a mí y se frotó sobre mis piernas agradecido y enseguida se me ocurrió lo más hermoso que pudo haberme pasado por la mente entonces, darle algo de mi felicidad a mi amigo incondicional.
– Vamos amigo, sé que hablar no es algo a lo que estés acostumbrado pero ahora que lo puedes hacer, te regalo mis dos deseos.
El genio me miró, suspicaz, pero a la vez con esa mirada traviesa y desafiante. Luego miro al perro.
Y el perro me miró, pero algo había cambiado, sus ojos se veían diferentes, más humanos, más como los de una persona. Y entonces dijo.
– Yo deseo, cambiar de cuerpo con el humano – Y en un segundo el genio lo hizo, y antes que yo pudiera hacer algo el perro reaccionó y dijo también – Y también, Yo deseo que ahora él ya no pueda hablar sino ladrar como el perro que es.
Y el genio lo hizo…
Luego desapareció y mi perro me miró fijamente.
– ¡Vámonos! – Dijo de forma cruel, sabía perfectamente cómo llegar a casa.
Cuando llegamos allá. Mamá lo abrazó pensando que era yo y lo invitó a la mesa.
– ¿Cómo estuvo tu día hijo? – le preguntó
– Bien mamá, pero creo que donaré a mi perro. Creo que ya no está agusto conmigo.
Yo los miré, y no pude decirles nada, intenté llamar su atención y no conseguí más que una paliza.
Ahora estoy encerrado en una jaula en una perrera.
Solo puedo pensar y ladrar.
Estoy aquí, esperando que alguien me lleve consigo para buscar esa maldita caja antes que se me olvide qué soy, quién soy yo.
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