Fernando Todd Siller, amigo cuya defensa de los derechos humanos empezó antes que el tema formara parte de la agenda nacional, me escribe: “Ciertamente extrañaremos a don Raúl, tal vez más de lo que imaginamos”. Cuando Saltillo se convulsionaba por la designación del dominico Vera López, el sacerdote lagunero Jesús de la Torre me dijo: “Si no lo quieren, mándennoslo a Torreón”. Años atrás, el obispo de esa Diócesis había tratado de disuadir una marcha ciudadana contra la inseguridad y la corrupción. La réplica de un empresario fue demoledora. El periodista Javier Mariscal escribe en Espacio 4 (642):
“El obispo Raúl Vera ha puesto el pecho por indígenas, migrantes, mineros del carbón, deudos de la mina Pasta de Conchos, la comunidad LGBT, las trabajadoras sexuales y los familiares de desaparecidos por la guerra contra el crimen organizado. Con el mismo ahínco apoyó a los electricistas despedidos en masa por la paraestatal Luz y Fuerza del Centro, y res-palda la defensa del agua y la tierra en comunidades que prevén riesgos de contaminación o desabasto vinculados a proyectos promovidos por diferentes gobiernos y empresas.
“Sus convicciones no son algo novedoso, afirma, ‘todo está escrito en el Evangelio’. No obs-tante, a la par de sus ‘batallas en la calle’, también cava trincheras al interior de la Iglesia. Según dice, le ha costado trabajo conseguir el cambio de mentalidad que se requiere para que todos los sacerdotes a su cargo se apeguen a los preceptos del Concilio Vaticano II, columna vertebral en la cual busca cimentar su pastoral diocesana, en tanto se hace efectivo su retiro como obispo.
“Así lo manifestó el pasado 1 de junio en un diálogo abierto con la sociedad a través de un enlace en la red de Facebook, evento en el que informó que la carta en la que ha redactado su renuncia ya había sido enviada a la Nunciatura Apostólica Me-xicana, órgano que la hará llegar al papa Francisco.
“Aclaró que se trata de un acto protocolar que el derecho canónico establece en el Ca-non 401.1: ‘Al obispo diocesano que haya cumplido 75 años se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias’. Vera cumplirá esa edad el domingo 21 de junio, fecha que este año coincide con la celebración en México del Día del Padre.
“El fraile dominico dijo que la designación de un sucesor depende enteramente de su Santidad y que no necesariamente ocurrirá de inmediato. Recordó que en el caso del obispo emérito Francisco Villalobos, Juan Pablo II tardó cuatro años en hacer efectiva su renuncia –el nombramiento de Vera como suplente ocurrió en 1999, cuando Villalobos estaba a dos meses de cumplir 79 años–.
“A modo de monólogo, fray Raúl leyó y respondió preguntas de la gente. Explicó que dejar de ser obispo titular no es un impedimento para que celebre misas o administre sacramentos, así como tampoco lo exime de sus votos de obediencia al Papa o al superior de la orden de los dominicos. Además, aclaró que el celibato y el voto de pobreza son asuntos de observación permanente.
“Al principio la gente se espantaba porque veían que hablaba yo de ciertos temas; les parecía que me metía mucho en política, pero sucedía que aquello de lo que yo hablaba el domingo, por ahí una televisora (local) se encargaba de ‘darle la vuelta’ el lunes, y eso generaba confusión; sin embargo, la realidad ha hecho que la gente entienda que las palabras, las advertencias y los señalamientos eran necesarios, que no correspondían con lo que se les hacía creer; su actitud ya ha cambiado mucho y sí responden al llamado de la Diócesis”.
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