Negocios

Publicado el sábado, 15 de agosto del 2026 a las 04:25
Ciudad de México.- México tiene recursos de gas no convencional. Sin embargo, llevarlos del subsuelo a las industrias y centrales eléctricas requeriría inversiones multimillonarias, nuevas reglas e infraestructura.
El camino podría tomar hasta una década. Pasar de los proyectos piloto a una industria capaz de producir volúmenes relevantes implica resolver una cadena de obstáculos.
Así lo explicó Ramsés Pech, asesor de energía, economía y proyectos. “Al país le falta convertir el recurso prospectivo en un modelo de negocio operable”, dijo afirmó que hay obstáculos contractuales, financieros, regulatorios y de infraestructura.
Esta discusión se volvió más relevante en agosto, luego de que un comité científico convocado por la Administración de Claudia Sheinbaum presentará sus recomendaciones sobre el desarrollo de estos recursos.
Los desafíos antes de producir a gran escala
Uno de los primeros desafíos es el financiamiento. Pech estima que una fase piloto en Burgos podría requerir entre 2 mil y 3 mil millones de dólares, destinados no sólo a perforar entre 50 y 100 pozos, sino también a estudios, permisos, caminos, manejo de agua, compresión y sistemas para recolectar el gas.
Si los resultados permitieran avanzar a un desarrollo de mayor escala, la inversión acumulada durante una década podría ubicarse entre 15 mil y 25 mil millones de dólares, según sus cálculos.
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Pemex difícilmente podría desarrollar esta industria por sí solo en los tiempos y escala necesarios”, consideró Pech. La petrolera cuenta con experiencia e infraestructura en regiones productoras, pero el especialista señala que un desarrollo intensivo de gas no convencional necesitaría también capital y tecnología especializada.
Su propuesta apunta a un modelo de participación pública y privada en el que Pemex mantenga la rectoría.
Para atraer ese capital, agrega, las reglas tendrían que permitir que inversiones de largo plazo puedan recuperarse y ofrecer certeza frente a cambios regulatorios. “El cuello de botella principal es el diseño contractual y la certidumbre jurídica; después vienen agua, infraestructura y seguridad”, afirmó.
Desarrollo de largo plazo
El efecto sobre la producción nacional no sería inmediato. Pech calcula que podrían transcurrir entre 7 y 10 años antes de alcanzar una producción de gas no convencional capaz de generar una diferencia relevante para el sistema energético.
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Si México empezara ahora, un calendario realista sería de 7 a 10 años para alcanzar una producción que haga diferencia sistémica”, dijo. Primero vendrían estudios y permisos; después, proyectos piloto para medir productividad y costos; y solo entonces un eventual desarrollo a mayor escala.
Por eso, el potencial estimado de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional es apenas el punto de partida. El propio comité científico señaló que se trata de recursos prospectivos cuyo volumen realmente aprovechable todavía debe comprobarse.
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