En el discurso decían amar a México. Aseguraban ser diferentes, “subieron” a una balanza a quienes gobernaron por más de 70 años y los exhibieron como corruptos, ladrones y todos los calificativos que encontraron.
De tanto repetir la misma historia, fue creciendo la animadversión hacia los partidos políticos que habían llegado al poder, en elecciones pasadas. Así, con el chip perverso instalado en el cerebro de un electorado no acostumbrado a analizar, menos a razonar, fue creciendo la simpatía hacia el aspirante a ocupar la silla presidencial y el repudio hacia la otra parte.
“Nosotros somos diferentes” repetía el entonces candidato de un movimiento que iba creciendo. Se consideraba a sí mismo representante de los pobres y prometía bienestar para todos ellos.
“Primero los pobres” repetía constantemente y decía las mismas frases de los discursos de dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez que no eran más que una manipulación de las mentes. Las mismas frases que repetirían después Maduro y que adoptara López Obrador.
Tal como decía Joseph Goebbels, quien fuera ministro de propaganda y de educación en la Alemania nazi: “hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento”.
Para Goebbels, una mentira repetida constantemente se convierte en una gran verdad. Por tal motivo, tanto en Venezuela como en Cuba adoptaron esa línea discursiva. Esa postura llegó a nuestro México querido con el movimiento obradorista cuyo líder ganó las elecciones en el 2018.
Los que decían no mentir, mintieron siempre; engañaron a un pueblo noble que creyó en las palabras de un mitómano. Un individuo, que siempre anheló el poder no para servir, sino para servirse. Ellos no robaban, dijeron, no eran iguales a sus opositores.
AMLO no quiso vivir en Los Pinos, prefirió hacerlo en un palacio; nuestro Palacio Nacional con todos los lujos y comodidades y por supuesto, bien resguardado. Pero eso no es ostentación; entonces ¿qué es? Pronto se acostumbró, no sólo a las comodidades sino a los excesos. No sólo López Obrador sino su familia, parentela y amigos convertidos en cómplices.
El avión presidencial -que ni Obama tenía, según afirmaciones ridículas- no era desproporcionado en comodidades y lujos como pretendieron hacer creer. Para ser el avión que se adquirió en su momento y otro gobierno, para ser utilizado en los viajes oficiales del presidente de México, no tenía nada de extraordinario. Al menos, eso se observó cuando lo presentaron a los medios.
Una vez más la mentira, el engaño, la burla y la distracción de los asuntos verdaderamente importantes que requerían atención inmediata. Una manera de vernos la cara a todos los mexicanos al pretender que la inversión fuera considerada como un derroche excesivo y no una necesidad para atender asuntos oficiales dentro y fuera del país.
El que a AMLO no le gustara viajar no significa que no deba existir un avión presidencial. Eso ha sido una mentira más de un gobernante que pretendió “vender” su imagen como la de un hombre sencillo y humilde.
Un avión ofertado en una o varias rifas, para terminar en venta. Operaciones que nunca quedaron muy claras que digamos. Como ha sucedido con otras operaciones.
Abusó del poder al desaparecer el avión presidencial, que era un bien de la Nación, no de un individuo en particular.
El avión fue un distractor de la atención de los ciudadanos; uno de tantos que vendrían.
No traicionar. Muy delicada la afirmación como bandera política adoptada por el grupo que llegó al poder, porque no hacer buen uso de los recursos que llegan a las arcas de la nación es la peor forma de traicionar al país, así como la investidura, las instituciones y a un pueblo que merece conocer el estado real que guardan las finanzas.
Esos recursos los proporcionan los causantes, los que pagan impuestos, mismos que deben ser utilizados en obras de beneficio colectivo. Recursos que no les pertenecen de ninguna manera a políticos al frente de cargos o representaciones, para que puedan disponer de ellos.
Bienestar. Esa palabra está tan gastada como la de no robar, no mentir, no traicionar; ha sido utilizada en todos los programas para hacer creer que realmente están brindando prosperidad, satisfacción, comodidad.
Nada de eso ha ocurrido. ¿Cuál bienestar a los niños con cáncer? ¿Dónde están los medicamentos que debería haber en hospitales? ¿Por qué han regresado enfermedades infantiles que estaban controladas? ¿Dónde están las vacunas?
La desaparición que han hecho de instituciones que funcionaban, es realmente imperdonable. Y lo digo una vez más, ningún gobierno, ningún gobernante en tantos años se atrevió siquiera a tocar lo que bien funcionaba.
Tenían razón al decir que no eran iguales: lo han demostrado con hechos, no con palabras. No son iguales porque resultaron ser peores.
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