Arte

Publicado el lunes, 10 de enero del 2022 a las 04:30
Saltillo, Coah.- “Las guerras nos permiten a los escritores llevar a nuestros personajes al límite, porque en ellas se vive el día como si fuera el último”, sostiene la argentina Viviana Rivero, quien ha utilizado los eventos bélicos como escenario de varias de sus novelas. Entre ellas El Alma de las Flores, historia con la que quedó finalista en el Premio Planeta 2019, y que sucede durante la Guerra Civil española, “de la que se dice es la última guerra romántica porque en ella aún se peleaba por ideales”, agrega.
Así, esta novela establece una especie de metáfora literaria sobre el doloroso evento, pues el libro cuenta la historia de María Álvarez, una joven que en 1936 llega de pronto a la vida de los Díaz Montero. De ese encuentro surgirá una tragedia que los perseguirá a través del tiempo, casi como si fuera un semilla que crece en el terreno del jardín de Encarnación, un sitio en el que las plantas y su belleza perecen sin motivo. Es decir, un lugar en el que los ideales se encuentran rodeados de muerte.
Contada a dos tiempos, la primera historia es la de Rafael, un músico argentino que viaja a España en 2014, y la de María durante la década de los 30. Rivero utiliza esos saltos para entretejer un relato en el que los nombres de distintas flores llevan el ritmo del libro.
Así, la novela se transforma en una historia de dos migrantes que se encuentran, uno con el pasado y el otro con el futuro.
Para Rivero, “el mundo tiene zonas que se enferman políticamente por falta de libertades, por la economía que no da lo suficiente ni para lo básico, pero hay algunas personas que no se resignan y se sienten preparados para irse a otra tierra en donde puedan florecer. Eso produce las migraciones”, apunta y agrega que “en mi familia, en la que tengo abuelos italianos, españoles y checoslovacos, nunca se dejaba de hablar de tristeza, de extrañar la tierra, y la dificultad de hablar, entender la nueva lengua. Eso produce una especie de cáscaras de cebolla con los amores: uno arriba del otro. Eso permite que ames la tierra nueva, esa que te da oportunidades, pero que al mismo tiempo sabes que también amas lo que dejaste por ese aroma familiar”.
Resguardo de belleza
En la novela, el jardín de Encarnación ocupa un lugar central, pues es donde sucede la magia. Una que irá recuperándose poco a poco y que, gracias al amor, funciona como un espacio para recuperar la belleza entre los atroces horrores de la guerra.
Eso se ve reflejado también en sus personajes, especialmente en María y sus ojos siempre destacados, pero también en la música que Rafael toca en su memoria y le recuerda a su tierra y su familia.
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Uno como escritor va construyendo sus personajes desde antes de empezar a escribirlos. Yo supe que quería que María, por ejemplo, no tuviera rencor y que eso se reflejara en sus ojos clarísimos, que hacen que un fotógrafo les tome unas fotos. Y eso tiene que ver con, por ejemplo, cuando salvaron las obras de arte que están en el Museo del Prado, es un forma de conservar la belleza. Cuando leí eso, supe que tenía que estar en la novela”.
El que El Alma de las Flores suceda en dos tiempos permite a Rivero, también, confrontar dos realidades temporales y sociales diferentes. Así lo muestra cuando María, quien trabajaba de mesera, debía enfrentar a los clientes que buscaban aprovecharse de ella. Hombres curtidos en su sentimiento de superioridad. Mientras que Rafael es un hombre sensible que se permite llorar y mostrarse frágil.
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La novela histórica permite también presentar la historia de los sueños rotos de sus personajes, como sucede con Rafael quien es un nombre del ahora. Eso es una de las ventanas de este género, porque nos permite ver y pensar al ser humano en ver cómo va madurando desde lo individual a lo social, a todos”, concluyó Rivero a Zócalo en entrevista.
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