Espectáculos

Publicado el viernes, 31 de octubre del 2008 a las 15:00
Ciudad de México.- “La Frontera más Distante” (Tusquets) es el nuevo libro de Cristina Rivera Garza; son 11 cuentos que en sus historias y estructuras tienen en común la ruptura, la exploración, el cruce de fronteras.
“No vierto con el lenguaje una versión de mí misma, tampoco acudo a la narración para contar una historia, una anécdota; pretendo producir con el lenguaje un universo”, dice en entrevista.
Rivera Garza (Matamoros, 1964) lleva al lector a ambientes como el de una ciudad de hombres a la cual un día llega una mujer, o a una ciudad de mujeres donde un hombre aparece repentinamente. Alguien irrumpe, es una presencia inquietante. Se trata, explica la autora, de ir hacia “fronteras donde perdemos la capacidad de ¿Tememos entrar a esos universos que no entendemos?
No sé si el temor es la única barrera. Donde hay diferencia, hay frontera y cruzar esas fronteras implica una serie de conflictos, miedos.
En varios de los relatos emerge la violencia tras el encuentro. “Parece ser que los contactos son menos transparentes y más desestabilizadores, lo suficiente como para producir el fantasma de la violencia”.
Reconoce la escritora que la violencia es producto de ese miedo al otro, de la irrupción amenazante. Y va más allá: “Lo que intento no es sólo plantear eso como anécdota del relato, me interesa que la escritura en sí misma pueda encarnar esa situación”.
Por ejemplo, en el cuento “Autobiografía de Otro” —una historia acerca de una mujer que halla a un hombre en una ciudad donde sólo hay mujeres— la anécdota se intercala con textos antropológicos y datos sobre la historia del cine documental. “Para mí era muy importante poner las fronteras que van entre distintas tradiciones de escritura”.
En “El Gesto de Alguien que Está en Otra Parte”, la violencia no sólo está en una patada, sino en el ritmo y el fraseo. Y “En la mujer de los Cárpatos” —detalla Rivera Garza— la escritura tiene que seguir las frondas, la oscuridad que produce el estar viviendo bajo árboles monumentales.
Para la creadora de la novela “Nadie me Verá Llorar”, en estos cuentos había preocupaciones más inmediatas, más urgentes, en términos de la estructura. “En cada uno mi sensación ha sido que no sé si he resuelto lo que llevaba al texto —la escritura no es para eso, para resolver cosas— pero que podía ver escenificado en términos del lenguaje una situación que me resultaba ineludible”.
legibilidad”.
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