Arte

Publicado el miércoles, 30 de junio del 2021 a las 04:00
Madrid, España.- Un obrero griego resultó ser el cerebro de un robo de película en el que eligió casi al azar su botín, un cuadro de Picasso titulado Cabeza de Mujer, que ha sido recuperado por la policía nueve años después.
Podría haber sido un delito perfecto. Entrar a la Galería Nacional de Atenas y coger varias obras de arte sin ser interceptado, sin dejar huellas, en pocos minutos. Sin embargo, el tiempo y la dificultad para vender en el mercado negro un cuadro de tanto valor han permitido a las autoridades recuperar, aunque tarde, dos de las obras robadas.
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No quería vender el cuadro, lo hice por pasión al arte”, aseguró el hombre tras ser llevado a comisaría. Aunque medios locales afirman que no se trata de un coleccionista al uso, el presunto ladrón afirmó que la motivación para el robo a uno de los principales museos de Atenas fue poseer una gran obra de arte.
Precisamente cuando, hace unos meses, la policía griega dio las primeras indicaciones en años. Afirmaron haber encontrado una nueva pista, los agentes resaltaron que Cabeza de Mujer brillaba por su ausencia en el mercado negro, lo que podía indicar que aún seguía en el país. Desde el momento del robo los expertos ya señalaron la gran dificultad de transportar al extranjero o poder vender una obra tan buscada, de un autor sumamente conocido y reconocible.
En lugar de un marco prominente y en la pared de una pinacoteca, la policía griega recuperó Cabeza de Mujer y Molino, pintado por el holandés Piet Mondrian en 1905, escondidos en un barranco entre arbustos y maleza, cerca de Porto Rafti, a unos 50 kilómetros de Atenas. Hasta allí los condujo el hombre, de 49 años, que confesó el delito tras ser detenido por la policía.
Las pinturas, envueltas en un paquete para protegerlas, estuvieron, según el acusado, dos meses escondidas a la intemperie. Hasta entonces, las había tenido en un almacén de su propiedad, pero al sentir que la investigación podía señalarle, el miedo a ser apresado lo llevó a buscar otro escondite.
Peor suerte corrió un boceto del siglo 18, atribuido al manierista italiano Guglielmo Caccia, conocido como il Moncalvo, también robado en la misma ocasión. El dibujo fue cortado en pequeños trozos y tirado por el retrete después del robo.
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