Saltillo

Publicado el domingo, 23 de julio del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.– La vida es eso que pasa mientras viajas en el Ramos – Saltillo que, irónicamente, ese viaje te hace sentir más vivo al pensar que en cualquier momento puedes tener un accidente y morir, así se siente viajar apretujado entre otras 20 personas que van de pie sobre el pasillo del autobús y no tienes de donde sostenerte.
Abordé el camión en el Centro de Saltillo, en la parada que se ubica en Xicoténcatl y Lerdo de Tejada, alto obligado para el conductor, si no hubiera caminado cinco cuadras hasta ese punto, el conductor me habría ignorado y así tendrían que pasar tres unidades hasta que pudiera abordar una.
El destino es Ramos Arizpe, la zona industrial, 18 pesos de tarifa, le tienes que avisar al chófer si no te cobra tarifa completa, son las 08:00 horas del miércoles, la unidad va llena de personas que trabajan en alguna empresa o estudiantes que están cursando alguna carrera en la Universidad Tecnológica de Coahuila.
No hay asientos disponibles el autobús viene lleno, el trayecto se recorre de pie agarrándote de dónde puedes, me toca ir pegado al estribo y tengo que cuidar no obstruir las barras para contabilizar el pasaje porque luego el conductor se molesta, la unidad está al tope de su capacidad y aún así el chófer va subiendo más gente intenta solucionar la falta de espacio con un “Por favor recórranse para atrás”.
El desafío está en lograr sostenerte porque el traqueteo del camión hace que cada vuelta que hace o cuando pasa por un bordo, pierdas el equilibrio y caigas, lo que puede significar alguna lesión, de hombres cediendo su asiento a las mujeres o de jóvenes dando su lugar a los adultos mayores no hay rastro, en este viaje no se percibe esa cortesía.
Cada persona va sumergida en sus pensamientos, un señor lleva una caja de campechanas, sombrero, camisa a cuadros, rostro quemado y curtido por el sol, aspecto de campesino, como puede logra abordar, va sosteniéndose de donde alcanza su altura no le permite estirar el brazo y tomar el pasamanos, pone su caja entre sus piernas y así sortea el viaje.
Y es que la velocidad con la que conducen los choferes no es la correcta, en la zona urbana van acelerando y frenando en cada calle pasan de 50 a cero kilómetros en segundos y la inercia hace que las personas pierdan el equilibrio.
Tampoco respetan los señalamientos y el algunos casos ni los semáforos, se atraviesan a los automóviles obstruyen los carriles de circulación al no entrar en las ballenas de descenso.
Por lo menos en esta unidad, la de número económico 33, el conductor, un joven de no más de 25 años, va jugando carreras contra otras unidades, incluso ignora a las personas que esperan en las paradas oficiales y pasa de largo.
Han pasado ya 10 minutos desde que abordé el camión o la combi o el “Ramos”, los distintos nombres que le dan al transporte público los saltillenses, la unidad se encuentra sobre el bulevar Francisco Coss y su cruce con Venustiano Carranza, aquí comienza el trayecto infernal.
En los últimos cinco años las unidades de la ruta Saltillo-Ramos Arizpe han sido protagonistas de al menos 35 accidentes, entre ellos choques y atropellamientos, todos relacionados con el exceso de velocidad.
El más significativo, uno dónde la unidad se estrelló contra la barda de la escuela secundaria Ejército Mexicano, ubicada en el cruce de Pedro Figueroa y Venustiano Carranza, el chófer de esta unidad quiso ganarle el paso a su compañero con que iba jugando carreras por ganar el pasaje, el resultado, 25 personas lesionadas y una persona muerta, la cual se encontraba en el parabús y fue arrollada por la unidad.
Aunque la mayoría del resto de los accidentes que han protagonizado las unidades de la ruta Ramos Arizpe han sido leves, los daños materiales y la pérdida de tiempo son incalculables.
Pareciera que para los conductores Venustiano Carranza se convierte en una autopista libre, es cuando pisan a fondo el acelerador y no importan los pasajeros, i el constante sonido del timbre para bajar, el chófer va su mundo, concentrado en llegar lo más rápido posible a un lugar que todos desconocemos, nadie sabe su urgencia por ir a esa velocidad.
Son 15 minutos los que dura el trayecto desde Francisco Coss, hasta la parada de Soriana San Isidro, el tiempo se duplica cuando hay tráfico y en las horas pico, pero estamos en temporada vacacional, hay poca afluencia de tráfico en la ciudad. De ahí ya solo falta una parada y un semáforo para circular por la carretera Saltillo – Monterrey, el Centro de Ramos Arizpe está a 12 kilómetros de distancia.
Ese es el trayecto más peligroso, en menos de ocho minutos el camión llega a la para ubicada en el bulevar Manuel Acuña en Ramos Arizpe, ahí es donde se vacía, ahí es donde la mayoría de la gente baja y solo quedan los estudiantes y algunos trabajadores, ya solo faltan otros 20 minutos para llegar a la zona industrial.
La ruta Ramos Arizpe -Saltillo es un mal necesario, a pesar que existen otras dos rutas intermunicipales como la Arteaga y la Express, el Ramos, como la mayoría lo conocemos, mueve a miles de personas que tienen la necesidad de trasladarse de Saltillo a Ramos o viceversa, siendo el medio de transporte intermunicipal, conecta la zona industrial más grande de Coahuila con la zona urbana, sus 33 unidades recorren a diario las calles de la gran urbe del sureste coahuilense.
Viajar en el Ramos es ver pasar la vida por la ventanilla, es pensar que en cualquier momento va a ocurrir una tragedia, es sentir la adrenalina que descarga el cerebro cada que el chofer frena repentinamente, es poner a prueba tu habilidad para sostenerte en pie, es invertir una o dos horas diarias para llegar a tu trabajo o tu casa.
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