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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 10 de noviembre del 2025 a las 12:56
Ciudad de México.- Hablar dos o más idiomasprotege de forma activa nuestro cerebro y frena el envejecimiento. Esta no es solo una hipótesis, sino una conclusión robusta respaldada por una reciente investigación publicada en la prestigiosa revista Nature Aging. El estudio señala que dominar más de una lengua obliga a los mecanismos de nuestro cerebro a “estar en forma”, levantando un escudo que protege el doble a las personas políglotas que a las que solo emplean un idioma.
Esta recompensa, que se obtiene tanto ahora como en el futuro, es una razón de peso para no delegar las habilidades cognitivas por completo a la Inteligencia Artificial (IA) y mantener activo nuestro esfuerzo. La gran novedad de este trabajo es que, por primera vez, “aborda una pregunta que nunca se había podido responder con medidas directas: si el multilingüismo realmente desacelera el envejecimiento global”, según resumen sus autores.
Agustín Ibáñez, del Global Brain Health Institute (GBHI) y el Trinity College Dublin, pone en valor los pilares sobre los que se fundamentan sus conclusiones. Por primera vez, “se emplean brechas de edad bioconductuales (BBAG). Es una métrica validada que cuantifica si una persona envejece más rápido o más lento de lo esperado según sus perfiles biológicos, cognitivos y conductuales”, sostiene Ibáñez. Hasta ahora, las investigaciones sobre bilingüismo se habían limitado a observar beneficios cognitivos o un posible retraso en la demencia, sin medir el envejecimiento en sí, y en pequeños grupos.
Otro de sus puntos fuertes es el volumen de personas analizadas. “Este estudio rompe con la limitación al analizar 86.149 adultos de 27 países europeos, combinando datos cognitivos, físicos y psicosociales con la exposición multilingüe y controlando amplios factores contextuales (sociales, ambientales, lingüísticos y políticos)”, expone Ibáñez, al tiempo que asegura que “se ofrece por primera vez evidencia robusta, a gran escala y con efecto dosis-respuesta, de que el multilingüismo se asocia de forma independiente con un envejecimiento más lento”.
Las conclusiones que se desprenden del trabajo que se publica hoy Nature Aging son que las personas que solo emplean un idioma tienen casi el doble de probabilidades de sufrir un envejecimiento más rápido, mientras que las multilingües tienen, de media, casi la mitad de las probabilidades de sufrirlo.
En esta investigación hay participación española a cargo del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL) de San Sebastián, donde trabaja Lucía Amoruso, jefa del grupo Neurobiología del lenguaje. “El beneficio del multilingüismo no proviene solo de saber varias lenguas, sino de usarlas activamente”, subraya esta investigadora del Ikerbasque que lleva años estudiando los efectos del uso de diferentes idiomas en nuestro cerebro.
Por eso, Amoruso es contundente: “no basta con hacer ejercicios en Duolingo ni con aprender las reglas gramaticales de un idioma”. Tras la advertencia, la investigadora explica cómo extraer el beneficio hallado en sus trabajos: “Lo que protege es la interacción real: el desafío sostenido de comunicarse, resolver ambigüedades y adaptarse a distintos interlocutores y contextos”. En este sentido, recomienda que “las políticas educativas deberían centrarse en crear entornos que fomenten la diversidad, donde hablar y vivir en varias lenguas sea parte de la experiencia cotidiana, no un simple aprendizaje digital”.
La investigación: los idiomas como escudo frente al deterioro cerebral
En el trabajo, los investigadores delimitan cuáles son los factores que permiten obtener los beneficios. “La evidencia convergente sugiere un efecto a diferentes niveles”, Ibáñez. Así, se pueden distinguir, como enumera el investigador: a nivel biológico, menor estrés crónico e inflamación sistémica, con mejor función cardiovascular, metabólica e inmune; a nivel cerebral, con el fortalecimiento de redes ejecutivas y atencionales (frontoparietales/cíngulo), mayor eficiencia y flexibilidad neuronal; el cognitivo, a más memoria de trabajo, control inhibitorio y flexibilidad (reserva cognitiva); el social, a más interacción y menor aislamiento, factores vinculados a longevidad. Estas vías, en conjunto, “podrían sostener trayectorias de envejecimiento más lentas”, resume el autor del trabajo.
Como subrayan los responsables de la investigación, cómo han medido los datos es clave. No se han limitado a test cognitivos, sino que han estimado el envejecimiento con una métrica directa, el BBAG, que compara la edad predicha por un modelo con la edad cronológica. “El modelo se entrenó con factores protectores (función, educación, cognición, actividad física, bienestar) y de riesgo (hipertensión, diabetes, obesidad, cardiopatía, insomnio, déficits sensoriales, desigualdades de salud por sexo), validados en 86,149 adultos de 27 países”, detalla Ibañez.
Junto a la investigación, Nature Aging publica un News & Views (un comentario adicional) que insiste en la relevancia de los hallazgos del paper. Sus autores, Jason Rothman y Federico Gallo, del Laboratorio de Experiencias Cerebrales y Bilingües (BaBEL) de la Universidad de Lancaster y del Centro de Lenguaje, Cerebro y Aprendizaje (C-LaBL), de la Universidad Ártica de Noruega en Tromsø (respectivamente), reconocen que la afirmación de que el multilingüismo protege contra el deterioro relacionado con la edad, no es nueva, pero el trabajo del equipo de Amoruso “demuestra esta asociación con una magnitud y una interdisciplinariedad impresionantes”.
Al mismo tiempo señalan que “el desafío para los investigadores ahora no es seguir el camino de (des)probar si el efecto existe (claramente existe), sino trazar sus mecanismos, refinar sus límites y traducir su potencial en estrategias para promover un envejecimiento más saludable en todo el mundo”.
El equipo de Amoruso e Ibáñez comentan que entre los nuevos pasos está la integración de “relojes” bioconductuales (BBAG) con relojes cerebrales (neuroimagen/EEG) y epigenéticos “para testar si el multilingüismo también desacelera el envejecimiento cerebral específico o sistémico”.
Asimismo, adelantan que esperan realizar un estudio en España comparando Cataluña y País Vasco. La idea es “la evaluación de la distancia tipológica. Esto es, por ejemplo, entre el euskera-español frente al catalán-español; además de medir cómo la frecuencia de uso y la integración cultural modulan el efecto”, comenta Ibáñez.
Recomendaciones para acumular reserva cognitiva
Ahora, el desafío actual es enorme: ¿dejamos de aprender y subarrendamos habilidades a la IA o seguimos extrayendo píldoras de beneficio del esfuerzo que eso supone? La investigadora del Ikerbasque tiene claro que “si las nuevas generaciones delegan cada vez más tareas en la tecnología, podrían perder oportunidades de estimulación cognitiva que antes ocurrían de manera natural”.
No se trata de no usar la IA o sus ventajas, “el riesgo no es la tecnología en sí”, sino “el uso que hacemos de ella”, subraya Amoruso. Llegados a este punto, debemos seguir unas pautas sencillas: mantener prácticas que impliquen desafío cognitivo, aprendizaje continuo y, por supuesto, interacción con otros, será clave para conservar los beneficios de una mente resiliente frente al envejecimiento, enumera la investigadora. “El multilingüismo es potente porque condensa todo esto”, remacha Amoruso.
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