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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 15 de marzo del 2026 a las 09:57
Ciudad de México.- Un siglo después de la Guerra Cristera, donde al menos 125 sacerdotes fueron ejecutados por el Estado, el clero católico enfrenta una nueva ola de violencia letal, ahora a manos del crimen organizado.
Según registros del Centro Católico Multimedial (CCM), entre 1990 y principios de 2026 han sido asesinados aproximadamente 91 religiosos, un promedio de 2.5 anuales, cifra que se acerca a la del conflicto religioso de los años 20.
La frecuencia de estos crímenes, que se intensificó en el sexenio de Enrique Peña Nieto con 19 sacerdotes asesinados y ha continuado con 13 en la administración de Andrés Manuel López Obrador, dibuja un mapa de la violencia territorial. A diferencia de la persecución estatal histórica, los ataques actuales responden a una estrategia de control por parte de grupos delictivos.
“ Hay características que nos señalan eso: detrás del asesinato de un sacerdote hay extorsión, a veces hay tortura, levantamiento, secuestro, obviamente el asesinato y después la difamación”.
Omar Sotelo Aguilar, director del CCM, explicó a Excélsior que el crimen organizado busca eliminar a los curas como estabilizadores sociales en las comunidades para imponer su propio liderazgo y valores, erradicando principios como “No matarás”.
El informe del CCM 2025 señala que estos ataques no son casuales y ocurren en regiones con alta incidencia delictiva. Sotelo Aguilar destacó que el 80% de estos crímenes permanece impune, lo que constituye un marcador de la corrupción e inacción.
“ Un cura en su comunidad parroquial es un estabilizador social. Los curas no sólo ofrecen servicios espirituales, ofrecen ayuda médica, educación, defensa a los derechos humanos… Todas estas áreas compiten con las actividades del crimen organizado”, expuso el sacerdote paulino.
El caso más paradigmático es el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo el 24 de mayo de 1993 en el Aeropuerto de Guadalajara. Aunque la versión oficial habló de una confusión durante un enfrentamiento entre cárteles, el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, en declaraciones para un documental del CCM, aseguró que el crimen fue orquestado desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
“ El asesinato de Juan Jesús Posadas Ocampo sigue impune hasta la fecha, es un monumento a la impunidad, a la corrupción… no hay ningún detenido y el caso sigue abierto hasta hoy”.
El crimen del cardenal, quien había denunciado protección gubernamental a cárteles días antes, sigue sin resolverse.

La comparación con la Guerra Cristera (1926-1929) es inevitable. Entonces, el presidente Plutarco Elías Calles reconoció haber mandado fusilar a decenas de clérigos para limitar el poder de la Iglesia. Hoy, el verdugo es otro, pero el resultado es similar: la eliminación de líderes religiosos.
El sacerdote Sotelo Aguilar advirtió sobre el peligro de normalizar esta violencia, ya que alimenta la narcocultura y facilita el reclutamiento de jóvenes por el crimen organizado, estimando que más de 250 mil muchachos están expuestos a ser reclutados.
La lista de víctimas también incluye a religiosas, como la monja colombiana Luz Marina Valencia Treviño, asesinada en Guerrero en 1987 por su defensa de mujeres indígenas, y a numerosos laicos y seminaristas.
Con información de Excélsior
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