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Saltillenses reviven Viacrucis en Viernes Santo

  Por Rosendo Zavala

Publicado el sábado, 7 de abril del 2012 a las 04:23


La explanada de la iglesia del Ojo de agua se llenó de católicos, para revivir la pasión de Cristo.

Saltillo.- Mientras Poncio Pilatos “se lavaba las manos” entregando a la gente el destino de Jesucristo, la tarde se nublaba anticipando el viacrucis que atormentaría el creador durante más de una hora, ante miles de feligreses que se congregaron para participar en la jornada que se tornaría por demás pesada.

Y es que la tarde caía cuando la explanada de la iglesia del Ojo de agua se llenó de católicos, que transpirando fe se movieron hasta el sitio donde se ofrecería la pasión de Cristo, como parte de las tradiciones que se realizan como parte de la semana mayor.

En medio de la muchedumbre que se arremolinaba para presenciar la suerte del acusado, el representante del imperio Romano se apoyaba en su legión de soldados para tomar la decisión que nunca hizo suya, siendo éstos quienes decidieron el futuro del creador de milagros.

VEA EL VIDEO AQUÍ. ‘Revive Saltillo la pasión de Cristo’

Tras el recorrido de las 14 estaciones colocadas por calles como Libertad, Nicolás Regules, Prolongación Allende, Félix U. Gómez y Espinosa Mireles, la llovizna comenzó a caer sobre actores y observadores que sintieron la metáfora del cielo que se abrió soplando como protesta por la suerte que estaba viviendo Jesús.

Aún así, la legión extranjera siguió marchando indolente hasta el monte donde tenían preparada la escena de la crucifuixión, rompiendo los murmullos de la población que a gritos exigía la liberación del mesías, antes que la de Barrabás quien tuvo mejor suerte por decisión de los romanos.

Entre las caídas e insultos que durante 90 minutos taladraron su cuerpo y mente, Jesucristo mostró la fortaleza para seguir adelante con sus ideales y mostraron a todos que era el salvador, ese que tuvo el don de realizar milagros para también perdonar a quienes habían hecho mal y se arrepentían de sus actos.

Con la mirada baja por el sacrificio físico al que estaba siendo sometido, el hombre de barba negra y misión inquebrantable soportaba la corona de espinas y latigazos que le propinaban sus victimarios, quienes ignorando las súplicas de los miles de creyentes continuaban sus andanzas hasta el sitio señalado.

Mientras un sacerdote clamaba la bondad de los fieles para que compraran su agua bendita, tres cruces se clavaban para sellar el destino de Jesucristo y los dos ladrones que tendrían la misma suerte, ante la mirada expectante de quienes soportaban ya los estragos de la naturaleza inclemente que caía sobre ellos.

Justo en el momento cumbre de la tarde, la escena de la crucifixión conmovió a los dolientes que nada podían hacer para impedirla, porque mientras unos se entretenían comiendo lo que encontraban a su paso, otros más se detenían en las vallas de madera que la iglesia impuso para la ocasión.

Finalmente, Jesús perdonó a Dimas y Gestas pero también a sus victimarios para después morir en la cruz, de donde partió la cabalgata de guerreros a caballo envueltos en la multitud que marchó hacia la tumba donde hicieron reposar los restos del crucificado.

Minutos después la obra fue consumada y los feligreses volvieron a casa, felices de haber participado en las actividades conmemorativas del Viacrucis que vivieron en carne propia, sin poder cambiar la historia que se escribió hace 2 mil años.

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