Ciudades

Publicado el martes, 25 de julio del 2023 a las 04:04
Saltillo, Coah.- Tan complejos, tan paradójicos; únicos como ellos solos y especiales como todos; fundados por tlaxcaltecas, los traidores de la historia, y, a la vez, defensores del terruño.
Saltillo y sus saltillenses se debaten entre lo que fueron y lo que serán, y viven una especie de transición entre lo que ya no es y lo que está por llegar: un estado liminal.
Edificios del siglo 19 son derrumbados sin piedad para convertirse en zapaterías, mientras la Catedral se mantiene erguida como símbolo intocable de la ciudad.
Franquicias emblemáticas se cierran por el desdén de los locales, quienes al mismo tiempo se muestran entusiasmados por la llegada de Tesla.
La pobreza extrema de Morelos Quinto Sector estará a 50 kilómetros del hombre más rico del mundo; la Atenas de México tiene una preparatoria llamada “Humberto Moreira”; la ciudad del clima ideal hoy arde a 37 grados centígrados.
Visto desde una analogía genealógica, Saltillo sería el hermano mayor de Monterrey y Torreón: al primero lo ayudó a convertirse en una metrópoli, y al segundo lo ve como el irresponsable divertido, por quien ha pagado los platos rotos de la historia.
Así nacen los saltillenses
De toda esta amalgama social-cultural nacen los saltillenses: esta especie que, en palabras del historiador e investigador Carlos Manuel Valdés, está en peligro de extinción.
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Bueno, déjenme aclarar algo, el saltillense promedio ya desapareció hace tiempo, o sea, ahorita el saltillense somos 23%, la mayoría de la gente que vive en Saltillo no es de aquí”, afirma, “es decir, que a qué se refiere uno cuando habla de ser saltillense, no lo sé, pero los que somos saltillenses estamos bastante tristes y molestos por lo que han hecho nuestros gobernantes”.
De pluriétnica a cerrada
Por su parte, el historiador Carlos Recio Dávila asegura que Saltillo es una ciudad multiétnica que recibió a españoles, portugueses, libaneses, italianos, japoneses, irlandeses, franceses, alemanes, tlaxcaltecas y esclavos negros, y esa es la paradoja, ¿por qué siendo pluriétnica se le considera una población cerrada?
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Hay una especie de columna vertebral que articula la esencia del saltillense, por un lado estereotipado, se nos considera como personas cerradas, poco arriesgadas, no muy abiertas al cambio, creo que eso terminó en los años 70, cuando hubo una gran migración del centro de la República, principalmente, a partir del clúster automotriz, y que ha hecho que Saltillo se convierta en una ciudad muy cosmopolita, dejando atrás esa vocación agrícola, comercial que tenía hasta el siglo 19, e integrándose con la vocación educativa que surgió en el siglo 19 con el Ateneo, el Colegio Josefino, el Colegio de San Juan y la Escuela Normal de Maestros”, detalla.
Sin embargo, en el siglo 19, algunos historiadores y geógrafos llamaban a esto determinismo geográfico, es decir, que la geografía influye en la formación de las personas, en el carácter.
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Casi a nivel poético, metafórico, pudiéramos decir que el hecho de que Saltillo esté rodeado de montañas, que el agua no sea visible, que sea subterránea, que esté sobre una pendiente inclinada, sobre todo el Centro Histórico, eso de alguna manera pudiera influir en la personalidad del saltillense, además de la composición étnica, definitivamente”.
Este determinismo geográfico también podría traducirse en uno climático: mientras en Torreón las personas sacaban sus mecedoras para disfrutar el fresco de la noche, en Saltillo oscurecía y los habitantes se metían a sus casas, pues la temperatura descendía.

Saber vivir
Por otro lado, Recio Dávila repara en otros dos opuestos: a los españoles no les gustaba mucho trabajar, se creían “hijos de algo”, los llamados hidalgos; en cambio, los tlaxcaltecas eran muy trabajadores, tenían ganado, hortalizas, sembraban árboles, pero no eran muy ambiciosos: ellos se conformaban con tener lo suficiente para comer un día, es decir, no acumulaban.
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Saltillo quedó un poco en ese imaginario de no tener demasiado sino disfrutar, por eso los poetas saltillenses decían hace 100 años: el que no es poeta hace cajeta”, expresa, “en ese Saltillo se trataba de disfrutar la vida, para qué acumular, disfrutar del tiempo, era una personalidad más amable, menos agresiva, menos abusiva en términos económicos, y un poco más armónica, con una manera de vivir que tiene algo de prehispánico y también algo de español: el saber vivir”.
La ambivalencia en la moral
Carlos Manuel Valdés agrega otro factor importante a la fórmula del ADN saltillense: la ambivalencia en la moral.
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Tenemos a la señora más rica de Saltillo, Beatriz de las Ruelas, que se está acostando con un negro, y los atrapa el alcalde y meten a la cárcel al negro por el atrevimiento de acostarse con una española rica, pero finalmente ella dice yo quiero casarme con él y el cura los casa”.
La psique del saltillense funciona de manera particular, suele ser irónico, un tanto burlón y tiene una forma peculiar de manifestar el afecto hacia su propia ciudad: Saltiyork, Saltiranch, Saltillo Texas, no son usados de forma peyorativa, sino cariñosa.
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Yo pienso que el saltillense somos una personalidad muy compleja”, asegura Recio Dávila, “entendernos es difícil, a lo mejor valdría la pena que un sicoanalista o un siquiatra reflexionaran sobre esa realidad de cómo somos a nivel cultural, pero al fin de cuentas yo pienso que dentro de esa complejidad Saltillo es una ciudad amable, lo que pasa es que no somos muy afectuosos, nuestra forma de manifestar el cariño es muy sobrio”.
De hecho, el historiador hace una analogía: hay sociedades que son como los duraznos, que en el exterior son muy suaves pero en el centro son duros, y Saltillo sería más bien como los cocos, por fuera son duros pero en el centro son blandos.
Lo que sí es imperativo es no perder la dimensión humana: porque a veces parece que la ciudad crece más rápido de lo que podemos asimilar.

Se pierde la amenidad del siglo pasado
El neoliberalismo y la globalización fomentan personalidades cada vez más egoístas, lo cual es peligroso porque se puede perder el sentido de solidaridad.
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Yo considero que estamos en un impasse, en una especie de callejón del que tenemos que salir: Saltillo no puede seguir creciendo en tamaño, tenemos que conservar la dimensión humana, que no nos coma, que no nos transforme en seres más egoístas, sin conciencia”, expresa Recio.
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Uno de los indicadores de que la gente no es totalmente feliz ante este fenómeno es la gran cantidad de suicidios, la obesidad, el índice de violencia intrafamiliar, Saltillo está dejando de convertirse en esa ciudad amable que fue, que claro que había violencia, alcoholismo, pero cada vez me parece que va creciendo exponencialmente”.
La amenidad que tenía el Valle en siglos pasados se está perdiendo.

Incongruencias saltilleras
La Atenas de México quedó atrás: sólo hay 22 bibliotecas para más de un millón de habitantes, y un punto de venta de alcohol por cada 420 personas; pero quizá esto se debe a los horarios laborales, a la precariedad salarial: las personas no tienen ganas de aprender, quieren relajarse en bares, y esa cadena deriva en alcoholismo, mala alimentación, depresión, suicidios.
Saltillo sin remedio
En este 446 aniversario de la ciudad, ¿qué mensaje le darían?
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Creo que tenemos un pasado muy hermoso, y un presente aceptable, más o menos, yo creo que no hay futuro, creo que Saltillo es una ciudad suicida, muy pronto se va a acabar el agua, en ese sentido el futuro yo creo que es muy malo”, opina Carlos Manuel Valdés, “deberíamos de cambiar, pero no sé si haya tiempo, yo creo que ya no, ya no hay posibilidades, con esto que está sucediendo, con Tesla encima, si van a traer 100 mil obreros van a traer 100 mil familias más, van a acabar con Monterrey pero también con Saltillo, con Parras, con todo”.
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