Coahuila
Hace 2 años
Repentinamente las oportunidades de trabajo están al alcance de la mano. Ya no hay necesidad de abandonar la ciudad para buscar mejores horizontes económicos, ahora hasta “importamos mano de obra” de donde sea.
El panorama laboral de la capital del estado de Coahuila, cambio. Todas las mañanas por la XESJ de Ruiz Schubert, el “Compadre” Medina, aquel peculiar locutor de corte campirano, invitaba a los obreros a sumarse al cuerpo de trabajo de Grupo Industrial Saltillo, pues la mano de obra era acaparada por la industria automotriz y más de 200 factorías satélites que surgieron a su sombra.
Para miles de familias se acabaron “las quincenas apretadas”, el fantasma del desempleo acabó en las maquiladoras –que todo exportan.
A pesar de los altibajos, Saltillo registra un ambiente de prosperidad; los restaurantes son un buen termómetro y dejaron de ser exclusivos de trasnochadores y turistas, ahora son abarrotados centros sociales, antros, cervecerías, o de negocios, como las agencias de automóviles que se han multiplicado intensamente.
Las franquicias de las grandes cadenas alimenticias norteamericanas vinieron a corroborar la bonanza, de la otra apacible comarca. Ahora las atiborradas callecitas trazadas por europeos y tlaxcaltecas no dan abasto para desahogar el enorme flujo vehicular que registra la ciudad a todas horas.
Saltillo soltó sus amarras, desbordó sus límites naturales, y lo que era la lejana colonia República quedó en el ombligo de una nueva mancha urbana. La política de planeación económica nacional benefició a la capital coahuilense y se le diseña imaginariamente para la industrialización. Era el gobierno de Luis Echeverría, el mismo político rampante que una vez pidió a las autoridades locales y a los empresarios que por favor no dejaran crecer más a Saltillo, “así de ese tamaño está bien”.
Una serie de improvisadas vialidades modernas comenzaban a cambiar el rostro y el cuerpo de la antigua ciudad aletargada que retrataba el poeta saltillense Jesús Flores Aguirre. Nuevos actores sociales en el escenario saltillense, nos obliga a rediseñar nuestras actitudes, aunque los hijos nuestros que nacieron con la modernidad de la ciudad se han adaptado perfectamente bien.
Esto obliga a los gobernantes como Humberto Moreira a crear nuevas obras de vialidad, sin descuidar la construcción de sistemas de agua, drenaje, electrificación y pavimentación de las colonias periféricas que ensancharon el aro urbano de la antigua provincia, aunque dejara endeudado al estado y a los coahuilenses de por vida, pues ahora el presupuesto sólo alcanza para pagar los intereses de la megadeuda.
El argumento era que no se puede gobernar en un gran núcleo industrial reputado como el primer exportador de la República Mexicana, pues definitivamente no podíamos actuar como si las armadoras de automóviles no estuvieran aquí; bueno, hasta la actitud protagónica de aquellos famosos sindicatos cetemistas, muy provocadores de huelga por los míseros salarios que ganaban nuestros abuelos en la Cinsa o en la Harvester, han cambiado de actitud y borrado de su memoria la palabra huelga, “pues ahuyentamos al gigante automotriz” y con él a las maquiladoras satélites que dan ocupación a varias decenas de miles de trabajadores en la Región Sureste de Coahuila.
Más sobre esta sección Más en Coahuila