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Coahuila

Saltillo se reinventa

Por JC Mena Suárez

Hace 6 meses

Saltillo ya no es la ciudad que muchos recuerdan. La iglesia de Lourdes, que alguna vez se distinguía como un punto de referencia espiritual y visual en la zona de La Nogalera, hoy está casi invisible, rodeada de toldos, lonas, y una marea de puestos ambulantes. El monte que rodeaba al antiguo Mercado Perfecto Delgado es ahora un corredor saturado de locales comerciales, donde ni siquiera cabe el recuerdo del pasado agrícola.

Lo que ocurre no es sólo una transformación urbana, es una reconfiguración profunda de la vida económica y cultural de Saltillo. Esta metamorfosis tiene tres motores principales: la migración, el comercio informal y la irrupción de nuevas generaciones de consumidores, encabezadas por la llamada generación Alpha.

La migración: nuevos  rostros, nuevos comercios

En los últimos cinco años, Saltillo ha sido uno de los destinos más activos para migrantes nacionales y extranjeros. De acuerdo con cifras del Inegi y la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, la ciudad ha recibido un creciente número de personas provenientes de Venezuela, Honduras y Guatemala, además de estados como Zacatecas, Chiapas y Veracruz. El atractivo está claro: Saltillo ofrece empleo, seguridad relativa y cercanía con Monterrey sin el costo de vida de una metrópoli.

Este nuevo rostro demográfico ha impactado directamente al comercio informal. La presencia migrante se manifiesta en una economía paralela que se expande sin control: puestos improvisados en banquetas, mercados alternativos, comercio callejero repetitivo y zonas periféricas invadidas por negocios de supervivencia. La saturación no es casualidad: es reflejo de una ciudad que recibe pero no regula, que crece pero no planea.

Un comercio informal dinámico, pero desigual

Mientras tanto, el comercio formal vive una paradoja. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio en Saltillo, el sector ha registrado crecimientos anuales de 10%, con expectativas de repuntes de 15% en fechas claves como el Día de la Madre. Y sin embargo, esta bonanza es dispareja, los supermercados tradicionales han reportado caídas en ventas y buscan adaptarse al nuevo perfil del consumidor con productos especializados, orgánicos o promocionales.

Por otro lado, Saltillo mantiene una de las economías más sólidas del norte del país. En abil de 2025, su balanza comercial reportó un superávit de 33.1 millones de dólares, gracias principalmente a la exportación de autopartes. Pero esta cifra contrasta con la creciente informalidad urbana que no encuentra espacio en las estadísticas oficiales.

Restaurantes: entre la innovación y el encarecimiento

Uno de los escenarios donde el cambio es más evidente es la industria restaurantera. La generación Alpha –niños y adolescentes nacidos después del 2010– no quiere enchiladas suizas, ni molletes con frijol. Prefiere experiencias: platillos para compartir, ingredientes exóticos, formatos para redes sociales. Restaurantes como Sanborn’s han reformado sus cartas con este perfil en mente. La estrategia ha funcioando… al menos en imagen.

Pero la modernización gastronómica trae una sombra: los precios. Comer fuera en Saltillo ya no es una actividad accesible. Lo que antes costaba 500 pesos por persona, hoy ronda los 700 y 800. Lo que era una experiencia familiar ahora se percibe como un lujo. Y lo preocupante es que esta tendencia no parece tener freno: se prevé la apertura de al menos 15 nuevos restaurantes en los próximos meses, lo cual intensificará la competencia por talento, insumos y clientela.

¿Modernización sin alma?

Saltillo está cambiando a una velocidad que asombra. La llegada de migrantes, la sobreoferta comercial, la evolución de los gustos y el dinamismo económico podrían parecer síntomas de éxito. Pero debajo de esta superficie hay una ciudad que comienza a perder su identidad. Un Saltillo que corre el riesgo de volverse impersonal, excluyente y contradictorio: moderno en imagen pero precario en esencia.

Es tiempo de preguntarse: ¿queremos una ciudad que crece por inercia o una que se diseña con sentido? La migración no es el problema pero su integración debe ir acompañada de políticas de vivienda, empleo y regulación comercial. El comercio informal no debe ser criminalizado, pero sí incorporado a esquemas de justicia fiscal. Y el consumo moderno no debería de servir de excusa para dejar fuera a la clase media o baja de los espacios públicos y gastronómicos.

Saltillo se reinventa todos los días. Pero en esa reinvención, no debería olvidar lo que alguna vez lo hizo habitable: su sentido de comunidad, su equilibrio entre tradición y progreso, y su gente. Porque modernizarse no significa vaciarse por dentro.

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