Coahuila
Hace 3 años
En meses pasados aparecieron en Saltillo algunas bardas tímidamente pintadas en color naranja y en ellas una leyenda escrita con la caligrafía infantil de Poncho Danao, todavía coordinador de Movimiento Ciudadano en Coahuila: “Soñemos con un Presidente norteño”.
Y no está mal, como dijese Peso Pluma. Luego de cinco años inmersos en un régimen autócrata donde se ha priorizado al sur del país, específicamente las zonas que colindan con el rancho del Mandatario nacional (Palenque, Chiapas, estación del Tren Maya) y su terruño (asiento de la refinería Dos Bocas en Paraíso, Tabasco), es hasta natural en estos lares impulsar a uno de los nuestros con la expectativa de que su visión regionalista equilibre la disparidad en el gasto público que ha ocurrido en el sexenio de marras.
No es necesario quedarse con la cobija entera. Simplemente que quien llegue no descobije. Y que no sea rencoroso, si no es mucho pedir. A Coahuila lo que le corresponde, nada más.
La cuestión es que ahora ése hipotético Mandatario que soterradamente impulsaba MC con sus pintas tiene nombre y apellido: Samuel Alejandro García Sepúlveda, y no es más que un esquirol sirviendo a un interés superior con su participación en una eventual contienda, como perfila en este momento el Gobernador de Nuevo León, al solicitar licencia –como acaba de hacerlo ayer– al Congreso del Estado para separarse del cargo y buscar la candidatura presidencial de su partido.
El pasado 10 de octubre publicó El Norte una encuesta interesante que arroja un dato revelador: el 51% de los neoleoneses desaprueba que Samuel García busque ser candidato presidencial, aún cuando en otro sondeo publicado el día previo en el mismo medio su nivel de aprobación como Gobernador era de 80 por ciento.
Como un abuelo, desde su tribuna Catón le aconsejó de buena fe –sin que nadie se lo pidiese– desistiera de su aspiración (“aberrante aventura”, calificó) en aras de “no dañar la buena causa de México al dividir a la oposición que se alza contra el caudillismo populista”.
“Deje que el dueño del partido anaranjado se busque otro patiño”, escribió. Y así es.
En el Estado de México, guardadas las proporciones, sucedió un escenario similar este año: Juan Zepeda, la adquisición estrella de MC como Senador tránsfuga del PRD, representaba entonces el personaje varón que serviría de comodín electoral para inclinar la balanza en la partida cerrada que se antojaba entre Delfina Gómez y Alejandra del Moral. No obstante, allá gobernaba el PRI y en teoría se podía considerar a Zepeda un opositor, así que su intervención y particularmente su afinidad con la izquierda hubiese servido para dividir el voto de la coalición Morena-PT-Verde, a la sazón ganadora; por esto MC, en un cálculo político traducido en acuerdo cupular, decidió no presentar candidato con argumentos inverosímiles. Al salirse del juego le hizo el juego al poder, pues.
Ahora es al revés: entra Samuel para dividir, pero una vez más para hacer el juego al poder. Máxime cuando en los tiempos que viven la política se disuelve en el acontecimiento mediático; el contenido cede su lugar al espectáculo. Es, por tanto, un aspirante ideal para centrar en él reflectores y distraer la atención de lo verdaderamente importante.
Cortita y al pie
Para dimensionar a Samuel García, dos frases:
En 2017, como diputado local y en víspera de aprobarse la candidatura presidencial independiente del “Bronco”, entonces Gobernador de Nuevo León, declaró: “cada vez me queda más clara esa frase de “si te vas, no regreses”; vas a dejar morir al estado, diste mucha expectativa de cambio y que lo dejes en un segundo plano por aspiraciones personales, definitivamente nos deja en disgusto a todo Nuevo León”.
Veinte días después de asumir la Gubernatura, en octubre de 2021, afirmó: “A Nuevo León le voy a cumplir; no me voy a distraer como el “Bronco”; voy a estar seis años completo; en 2024 no voy (…) mi compromiso son seis años en Nuevo León”.
La última y nos vamos
Hoy, a dos años de gestión, los tres grandes proyectos en que finca su Gobierno están a medias: el Cuchillo II está inconcluso; el nuevo estadio de los Tigres es aún promesa; y la llegada de Tesla una incógnita.
Por lo demás, en el panorama nacional el acontecimiento tiene tantas lecturas como usted aventure. Me centro en una de ellas: si el régimen militarista-populista necesita una tercera vía para dividir el voto opositor (en específico al Frente), es porque no tiene la certeza de ganar en la carrera entre dos mujeres. Y en las preferencias actuales -las reales, no las que dan 40 puntos o más de ventaja ni monsergas así a Claudia Sheinbaum- no está definida la elección presidencial de 2024.
Tan sencillo como eso. Por ello necesitan a un esquirol que rompa el empate y abra la diferencia entre una columna respecto a la otra.
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