La semana pasada se plasmó en este sitio uno de los conceptos que en mi opinión hacen la diferencia entre el cerebro y la mente, que es un tema demasiado amplio como para poder discernirlo en un espacio y tiempo limitado, por lo cual sólo es que esbozo ciertas particularidades sobre el cerebro, que a todas luces es materia física, y la mente, a la cual yo considero un ente metafísico, o sea que va más allá de lo que podemos clasificar con nuestros sentidos o herramientas de análisis y medición.
Sin embargo, hay algo que une y nutre a ambas entidades, y a la cual se le dedicó el último segmento de la pasada columna, la ciencia. A través tal vez de cientos de miles de años, los conocimientos y su transmisión han sido la piedra angular de la evolución de múltiples criaturas hasta llegar a lo que somos hoy, el Homo Sapiens sapiens. Hay una cierta laxitud o confusión gramatical para determinar realmente cómo debemos referirnos a nosotros mismos, ya que muchos autores limitan la denominación de nuestra especie dejando en singular la segunda palabra que nos clasifica, o sea, sólo somos descritos como homo sapiens, repito, en singular, cuando se debe utilizar el termino en plural, por consecuencia, sapiens sapiens, aunque parezca redundante, que de hecho lo es, y es por ello que somos quienes somos, y esto se debió a un conocido de esta columna, el gran científico sueco, Carlos Linneo, creador de la taxonomía, quien decidió en 1758 clasificarnos de esta manera.
¿Y cómo es que el buen Carlos tuvo esa aparentemente ociosa y fútil ocurrencia? Me preguntaba yo antes de escribir esta columna, y tal vez también se preguntarán algunos de los lectores, a quienes agradezco su compañía en este espacio de concurrencia literaria.
Yo pensaba que con sólo ser un homo sapiens para mi era suficiente, pero al estar escribiendo este texto, me encontré con esta disyuntiva que me mantiene escribiendo y a usted tal vez todavía leyendo. No puedo dejar pasar la oportunidad de aprender o esclarecer algo que desconozco, o me haga dudar del porqué de su veracidad, y he aquí que tal es el caso.
Homo sapiens traducido del latín quiere decir hombre sabio, hay otra definición que me parece mas adecuada para los conceptos que ocupan esta entrega, y que precisa que el homo sapiens, es el hombre que piensa. Si tomamos en cuenta que el primer vestigio del homo sapiens fue encontrado en Yebel Irhoud, en Marruecos, y se calcula que vivió hace aproximadamente 350 mil años, yo estoy de acuerdo en que probablemente si pensaba, pero no creo que, en el estricto sentido de la palabra, haya sido muy “sabio”. A partir de este antepasado marroquí, se han encontrado por todo el planeta multitud de parientes homos, entre los cuales destacan los siguientes:
El Homo erectus, -a quien yo considero el verdadero primer antepasado en la línea de sucesión, ya que- evolucionó hace alrededor de dos millones de años- fue la primera especie humana que se conoce que caminó totalmente erguida. Nuevos datos de fechas muestran que este sobrevivió hasta hace sólo 100 mil años en la isla indonesia de Java, mucho después de que hubiera desaparecido en otras partes. Esto significa que aún estaba vivo cuando nuestra propia especie caminaba sobre la Tierra. Se encontró en África, India, China, Java y Europa. Se cree que fue el primer homínido en migrar fuera de África.
Homo habilis: se le llamó así por las herramientas de piedra que se encontraron con sus fósiles, por lo que se puede considerar, que para poder confeccionar y utilizar esas herramientas, requería forzosamente de poder pensar, y además hacer uso de una incipiente creatividad.
Homo neanderthalensis: se encontró en Europa y Asia Occidental. Y más recientemente existió el hombre de Cromañón, que fueron un grupo de humanos modernos que habitaron Europa durante el Paleolítico Superior. Se les conoce así por los restos fósiles que se encontraron en la cueva de Cromañón, en Francia, y fueron descubiertos ahí por el paleoantropólogo francés Louis Lartet en 1868. Eran cazadores-recolectores y fabricaban herramientas de piedra, hueso y marfil. Crearon las primeras obras de arte, como pinturas rupestres. Tenían caderas estrechas y una osamenta más ligera que los neandertales. Eran altos, entre 170 y 180 centímetros. Se especula que el hombre de Cromañón es el antepasado directo del ser humano actual, ya que, entre otros factores, su aparición en Europa coincidió con el declive de los neandertales.
Ahora entonces, a diferencia de todos nuestros antepasados Homos esparcidos por toda la tierra en tiempo y espacio, ¿por qué a don Carlos Linneo se le ocurrió rebautizarnos como sapiens sapiens, o lo que querría decir el “sabio sabio”, o coloquial y deductivamente, “el que más piensa”?
Supongo yo que don Carlos tomó esa decisión debido a que varios estudios científicos demostraron que el Homo Sapiens sapiens se caracteriza por tener un cerebro más grande que sus antepasados, y como consecuencia de ello, tiene una mayor capacidad para realizar procesos mentales complejos.
Fueron millones de años los que se necesitaron para llegar a ser fisiológicamente quienes somos, pero comparado con ello en el reloj de la evolución, nos ha tomado sólo segundos para avanzar a pasos agigantados en cuanto a nuestro crecimiento mental y tecnológico; y eso ha sido gracias a lo que nuevamente intentaremos reencauzar la próxima columna, la ciencia.
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