Méxicana, coahuilense y nigropetense, una mujer en las artes y en la cultura de México, poco recordada en el suelo que la vio nacer, pero inmortalizada a través de su obra y sus grabados. Nacida el 3 de febrero de 1927 y fallecida un día como hoy, 13 de marzo de 2017.
Su padre, el doctor José Guadalupe Jiménez, fue médico militar y perteneciente al sistema de trenes. Se menciona dentro de las biografías que el galeno formó parte del grupo de especialistas que auxiliaron a Venustiano Carranza, durante la Revolución, en una de las estrategias más determinantes para la recuperación de los pacientes que participaban en la guerra y llevar consigo los servicios de los cirujanos militares.
Por ello, también se señala que al fragor de la Revolución mexicana, el doctor José Guadalupe se encontraba en las filas cuando ocurrió uno de los acontecimientos históricos más importantes del Cuerpo Médico Militar: auxiliar al presidente Álvaro Obregón, cuando perdió su brazo derecho.
El pensamiento revolucionario y la búsqueda de ideales de su padre fueron determinantes en la obra de Sarah, quien vivió sus primeros años en Coahuila, hasta que su familia se mudó a Córdoba, Veracruz, donde estudió primaria y después en la Escuela de Artes y Oficios.
Mudándose a la Ciudad de México en 1947, para vivir con su tía y abuela paternas.
Años más tarde, ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escuela y Grabado La Esmeralda, en 1953. Entre sus maestros destacan Raúl Anguiano Valdez, muralista, considerado uno de los máximos exponentes de la escuela mexicana de pintura y fundador del taller de gráfica popular, y quien heredó a la artista, su clase antes de partir a Europa.
Su convivencia con pintores como Anguiano, junto con otros, en el Salón de Plástica Mexicana, fortaleció su gusto por retratar al México cotidiano. Su trabajo en el taller de gráfica popular vigorizó su expresión por los movimientos obreros campesinos y estudiantiles que se reflejan a lo largo de su obra izquierdista.
Sarah se retira de la enseñanza en 1989 y fue invitada a exponer en diversos países con gobiernos socialistas, entre ellos Yugoslavia en 1957, Cuba en 1960, la Bienal en Chile en 1965, y la Unión Soviética en 1967 y 1947. Su prestigio también le permitió ingresar al Salón de la Plástica Mexicana.
Sarah, fue artista reconocida, hito en el concierto de las artes mexicanas. Hacedora polémica, ejemplo de coahuilense que abrazó con pasión genuina su oficio, lo que le mereció diversos reconocimientos, entre los que destacan el trabajo de retrospectiva de su producción que realizó en 2017, y desde luego el reconocimiento, con la exposición permanente de su retrato “Emiliano Zapata”, que le otorgó el Marion Koogler Mc Nay Museum en Texas, EU, y un extraordinario Venustiano Carranza, señalando la Constitución de 1917.
El papel que jugó en la cultura y en el arte en nuestro país deja una huella imborrable en nuestra memoria y en nuestro corazón. Recordemos hoy a una coahuilense, que encontró un digno papel en la historia y generó conocimiento y belleza, para transmitir con emoción sensible el México del siglo 20.
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