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Sastre: el arte de vestir, un oficio que languidece

  Por Siboney Alvarado

Publicado el sábado, 4 de julio del 2015 a las 14:00


Sin distingo del aspecto físico, hombres altos, delgados, bajos o con sobre peso, siempre tendrán la necesidad de vestir...

Piedras Negras, Coah.- Sin distingo del aspecto físico, hombres altos, delgados, bajos o con sobre peso, siempre tendrán la necesidad de vestir. Paradójicamente, ser sastre en la actualidad, es un oficio que lejos está de interesar a las nuevas generaciones y el riesgo de desaparecer está latente.

La moda con la aparición de la ropa casual, vino a opacar una actividad considerada un arte, y que 100 años atrás, era casi elemental.

El surgimiento de la mezclilla representó una competencia desleal para las prendas hechas a base de casimir y que por ende requerían más cuidados. Vestir al gusto y a la medida, dejó de ser el afán de muchos hombres, y enviar la ropa a la tintorería, ya no fue una regla.

El dos de julio de 1939, surgió en Piedras Negras “Trajes Sabino”, propiedad de José Sabino Garza, que ganara prestigio por la calidad en la confección de sus prendas y el buen trato a sus clientes.

Raúl y Roberto Garza de la Cerda, dos de los siete hijos que procreó con su esposa Margarita de la Cerda, seguirían la tradición, que 76 años después perdura.

Raúl el menor de los cinco hijos varones de don José Sabino, fue quien encontró en la sastrería su pasión, el mejor legado de su padre, dice, preocupado por la indiferencia que un trabajo que considera muy noble, genera en la juventud.

“Es un negocio que se va a perder, porque a pesar de ser un oficio muy noble, porque siempre hay trabajo la gente joven no quiere aprender. Aquí estamos en un lugar limpio con clima e incluso he puesto anuncios en los que ofrezco pago por enseñar y ni así vienen”.

Piedras Negras, considerada una frontera próspera, con economía pujante, basó su bonanza en la primera mitad del siglo XX en “La Consolidada”, empresa siderúrgica creada en 1936, que de acuerdo al historiador Otto Schober, llegó a ocupar el cuarto lugar a nivel nacional detrás de Hylsa, Fundidora Monterrey y México.

Años más tarde viviría un auge económico importante, con la llegada de la industria textil. En la década de los 70, la instalación de compañías maquiladoras como Carrizo, Roberto y Dimmit Industries, dedicadas al ramo textil, representaron un detonante en el sector manufacturero de esta ciudad, la última sobrevivió hasta fines de los 90.

Sin embargo, el antecedente de contar con mano de obra calificada en el área textil, no ha sido suficiente para despertar interés en el oficio, asegura Raúl Garza.

“Las habilidades son diferentes, en una fábrica te enseñan por procesos y una sola operación, aquí se hace un pantalón de principio a fin, no una sola pieza, se puede considerar que la sastrería es un arte”, explica.

Comprar una prenda en un establecimiento en donde las tallas están estandarizadas, es más cómodo, no obstante, las personas siempre buscarán sentirse a gusto con ropa a la medida, añade el sastre.

En Trajes Sabino, ubicado en la zona comercial de la calle Zaragoza, a escasos metros del puente internacional I, llegan personas de todos los sectores e incluso del extranjero.

El lugar ha sido visitado por muchos presidentes municipales, de los que vienen a la memoria del propietario destacan Ernesto Vela del Campo, Rito Valdés Salinas, Claudio Bres Garza y en tiempos recientes Fernando Purón Johnston, el edil en turno, y de quien pende un retrato en una de las paredes del negocio.

El contacto con el cliente, es fundamental en el oficio, el trato debe ser de primera, de esto depende que regrese, Raúl asegura que esta es una regla de oro, que aprendió de su padre.

“La tradición de la familia nació con mi papá, a él le enseñó el sastre Ramírez, actualmente me acompañan dos sobrinos, Juan Manuel Morales Garza, y Daniel Antonio Garza”.

A diferencia de la época de don José Sabino Garza, en que las hechuras eran el servicio por excelencia de la sastrería, ahora, el negocio se sostiene principalmente de las reparaciones.

“Aquí viene todo tipo de personas, incluso de Estados Unidos, gente que viene de lugares como San Antonio, Houston o Dallas, para visitar a sus familiares a la frontera, aprovecha para traer su ropa y solicitar composturas”.

Explica que en ocasiones hay que modificar todo, desde entallar una camisa, hasta modificar el cuello, el cuerpo o las mangas, todo lo necesario para que la prenda de vestir luzca adecuada y lo más importante se aplome al cuerpo del cliente.

Un patrón elaborado a base de papel revolución, en donde plasma los trazos sacados de las medidas de sus clientes, es básico para las futuras creaciones.

Para quien desconoce el arte del sastre, basta contar con unas tijeras, una regla de madera curva y una escuadra, no puede faltar el crayón de carbón para hacer las marcas en papel e imitar con tizar blanco en la tela antes de cortar y el tizar de cera, que tiene la cualidad de desaparecer al contacto del vapor de la plancha y lo más importante, la vocación.

Para la confección de trajes a la medida, la tela privilegiada es el Blandi Santiago, cuya composición está hecha a base del 45 por ciento de lana virgen y 55 por ciento de poliéster, actualmente considerado uno de los casimires más finos, Raúl Garza de la Cerda, lo consigue en el Distrito Federal.

Adquirir un traje sastre, implica un gasto de entre tres mil 200 y cuatro mil 400 pesos, que algunas personas están dispuestas a gastar sin soslayar a uno que otro novio que para la boda prefiere un traje a la medida que conformarse con rentarlo por una día.

Como en el resto de las sastrerías, la máquina de costura recta, la máquina orleadora y la de costura invisible que se utiliza de manera exclusiva para las bastillas, son componentes esenciales para garantizar la calidad de las hechuras.

Una vez que la prenda es montada, hilvana y terminada, pasa por el proceso de afinado y probado, si sienta bien en el cliente se podría decir que está bien aplomada.

Cuatro años atrás Piedras Negras como gran parte del país, vivió asolado por los hechos violentos asociados a la delincuencia organizada, la economía de la zona centro como otros sectores en la ciudad se vieron amenazados al mermar la llegada de visitantes.

Tras resistir al embate de la inseguridad, el negocio de Garza de la Cerda y de otros comerciantes del primer cuadro de la ciudad siguen vigentes.

El caso de Roberto Garza de la Cerda, el hermano que comparte la vocación de sastre con Raúl, no corrió con la misma suerte. Hace dos años, formó parte de las estadísticas de los negocios que sufrieron pérdidas totales por la devastadora inundación que dejó anegada a más de 60 colonias de la ciudadel 14 y 15 de julio de 2013.

Ahora, con esfuerzo busca recuperarse y reabrir en breve el negocio y seguir el oficio que heredó de su padre.

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