Los embates del crimen organizado, ingrediente obligado de los gobiernos populistas, en México los conocimos en este nivel, hace casi 20 años.
Cuando Calderón enfocó su esfuerzo al combate al crimen organizado, coincidió con que el gobierno aumentó enormemente los montos asignados a los gobiernos estatales, algo que estos desviaron a simulaciones como compras enormes de equipo para las policías y creación de “grupos tácticos”, que solo han servido para desfilar, ser partícipes de la delincuencia, y no para hacer frente a grupos delincuenciales.
Tal parece que la actividad desarrollada por esos escenarios entre 2006 y 2012 fueron más un ensayo para lo que se vive ahora en muchos estados de la República.
Muchos estados con historiales de pocos eventos delincuenciales sufrieron momentos muy complicados, por acciones del crimen organizado, y en algunos había evidencia de colusión de los gobiernos con los grupos de facinerosos.
En Coahuila, se hicieron frecuentes las balaceras con propósito de crear terror, más que lo que declaraban como motivo, porque, si fuera el motivo real de una balacera, una lucha entre grupos por una plaza, no habría balaceras a la hora en que las familias dejan a sus hijos en la escuela, o a media mañana que la gente de bien anda en la calle trabajando. Hubo una masacre el Allende, Coahuila, en la que el Ejército, comandado en la región por Luis Crescencio Sandoval, el actual Secretario de la Defensa se abstuvo de participar protegiendo a los lugareños, también hubo muchos secuestros y extorsiones, con evidencias de protección de los gobiernos a los delincuentes.
Tiempo después, sin detenidos, ni un enfrentamiento que lo indicara, desaparecieron esos grupos, y las noticias empezaron a publicarse, de violencia en otros estados, como si fuera un circo itinerante.
Curiosamente, en esos estados, ganó en la elección presidencial López Obrador, ante la evidente inmovilización en las plataformas electorales priistas, después se rumoró que fue a cambio de impunidad para los gobernantes y uno que otro exsecretario o exembajador.
En Coahuila, presumen de que no hay actualmente ese tipo de violencia, como si fuera una situación ganada por un esfuerzo, es tremendamente ingenuo creer que a media carretera o en la entrada de un poblado, dos patrullas con cuatro policías, dormidos o entretenidos con sus tamagochis (celulares), serían suficientes para blindar una entidad.
En los últimos meses, hemos visto a priistas haciendo fila para unirse a Morena, el causal es fácil de adivinar: o impunidad por historial delictivo o dinero.
A pesar de que se hacen solemnes declaraciones sobre el apoyo a la candidata única de la coalición anti Morena, en lo personal, priistas y panistas, en tono despectivo, festejan una publicada pero no real, superioridad en las encuestas de Sheinbaum, y resaltan el adjetivo de gelatinera de Xóchitl Gálvez, soslayando que profesionalmente. Xóchitl es superior a los que lo afirman.
Por un lado, son ingenuos, la gente de AMLO no tiene palabra, la forma de negociar con ellos, es como lo hacía Tedy Roosevelt, con posibilidad de contestar en forma mayor, “big stick” y no hemos visto, esa conducta en los personajes a los que ha traicionado. Por el otro, si sacaron sus capitales, el gobierno gringo, gustoso, se los robará con la excusa del lavado de dinero.
Aparte, un gobierno absoluto, necesitaría menos políticos, pierde la necesidad de mantener a la oposición, esos políticos tendrían que enfrentar la dimensión desconocida de trabajar para comer.
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