A Rodolfo Ramos Villa
Estoy en la calle Allende, la línea divisoria de los dos pueblos que conformaban el Saltillo del principio de la creación, la Villa Española del lado oriente, y al poniente San Esteban de la Nueva Tlaxcala, separados por una enorme acequia que repartía agua para uso doméstico y para irrigar sembradíos y huertos.
Me ganó la nostalgia y me acordé de mi buen amigo, bueno era amigo de muchos saltillenses Rodolfo Ramos Villa, aquel agente de ventas de Grupo Industrial Saltillo que se separó del consorcio para instalar un comercio de vasijas de peltre y otros productos, denominado El Nivel de los Precios.
Hombre emprendedor y polifacético, (persona que tiene la capacidad de realizar diferentes acciones) siempre de buen humor, auténtico defensor de los derechos de él y de los demás. Ahí, en el Nivel de los Precios, eran sus brazos derecho e izquierdo sus hermanas Elsa y Elvia, así como un jovencito que luego tuvo su propio negocio.
En mi largo camino de comunicador, seguí los pasos de Ramos Villa, y le serví como portador de buenas noticias cuando fue presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Saltillo. A él se le ocurrió en el centenario de la institución editar un hermoso libro sobre la historia del comercio comarcano, a cargo de la pluma del cronista de la ciudad, Armando Fuentes Aguirre, que hizo un ameno documento.
Luego cerró el Nivel de los Precios, que ocupaba una parte de la antigua estación de autobuses Anáhuac y el local donde Eustolio Valdés tenía su comercio El Espejo.
Localicé tiempo después al buen Ramos Villa en una bodega de la colonia Provivienda, donde seguía vendiendo vasijas de peltre de la Cinsa.
Fue representante de aquella organización El Barzón, que defendía a los deudores de la banca nacional, un movimiento social integrado por la clase media del campo y la ciudad, que surgió por la crisis de insolvencia, falta de liquidez y de rentabilidad de las unidades productivas, económicas y familiares, que llevaron al incumplimiento de los compromisos de pago con las instituciones financieras, lo que en México se conoce como cartera vencida. Campesinos, agricultores, comerciantes y ganaderos que se sintieron abandonados y engañados por el Estado, a raíz de la ruptura del pacto clientelista Gobierno-Campesinado, operada por el presidente Salinas de Gortari, y de la incapacidad de las organizaciones corporativas tradicionales para defenderlos frente a la crisis de la deuda. Los barzonistas exigían una moratoria de la deuda por cuatro años, créditos frescos, subsidios a los insumos y participación en las decisiones sobre importaciones, mediante acciones directas.
Lo cual desató una verdadera guerra social entre los deudores por un lado y la Asociación de Banqueros Mexicanos (ABM) y la Secretaría de Hacienda del Gobierno federal por el otro, que posteriormente dio pie al Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), y su sucesor Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), instrumentos utilizados por el Gobierno federal durante la Administración del sucesor de Salinas, Ernesto Zedillo Ponce de León, para convertir las pérdidas económicas de los bancos privados en deuda pública con montos estratosféricos, que se siguen cubriendo y afectan a varias generaciones de mexicanos.
Ramos Villa tuvo un incidente con un vecino que por poco le cuesta la vida. Murió años después, relativamente en edad temprana.
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