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Coahuila

Se ha ido un pedazo del tiempo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Estoy en la calle Allende, la línea divisoria de los dos pueblos que conformaban el Saltillo del principio de la creación, sí, la Villa Española del lado oriente y al poniente el pueblo San Esteban, de la Nueva Tlaxcala, separados por una enorme acequia que repartía agua para uso doméstico y para irrigar sembradíos y huertos.

Después de muchos años camino por esa calle para recordar a algunos de los vecinos y comercios de la famosa arteria de apenas 14 cuadras, cuando en la esquina de Lerdo y Allende se ubicaba la segunda terminal de autobuses que tuvo la ciudad, los Anáhuac, (la primera fue la de los Monterrey-Saltillo en Abbott y Allende) .

Me ganó la nostalgia y me acordé de mi buen amigo, bueno era amigo de muchos saltillenses, Rodolfo Ramos Villa, aquel agente de ventas de Grupo Industrial Saltillo, que se separó del consorcio para instalar un comercio de vasijas de peltre y otros productos, denominado El Nivel de los Precios.

Hombre emprendedor, polifacético (persona que tiene la capacidad de realizar diferentes acciones), siempre de buen humor, pero además auténtico defensor de los derechos de él y de los demás. Ahí, en el Nivel de los Precios, eran sus brazos derecho e izquierdo sus hermanas Elsa y Elvia y un jovencito que luego tuvo su propio negocio.

En mi largo camino de comunicador seguí los pasos de Ramos Villa y le serví como portador de buenas noticias cuando fue presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Saltillo. A él se le ocurrió en el centenario de la institución editar un hermoso libro sobre la historia del comercio comarcano a cargo de la pluma del cronista de la ciudad, Armando Fuentes Aguirre, que hizo un ameno documento.

Luego cerró el Nivel de los Precios, que ocupaba una parte de la antigua estación de autobuses Anáhuac y el local donde Eustolio Valdés tenía su comercio El Espejo, que se trasladó siguiendo a los Anáhuac hasta Cárdenas e Hidalgo.

Localicé tiempo después al buen Ramos Villa en una bodega de la colonia Provivienda, donde seguía vendiendo vasijas de peltre de Cinsa.

Fue representante de aquella organización “El Barzón”, que defendía a los deudores de la banca nacional, un movimiento social integrado por la clase media del campo y la ciudad. Surgió por la crisis de insolvencia, falta de liquidez y de rentabilidad de las unidades productivas, económicas y familiares, que llevaron al incumplimiento de los compromisos de pago con las instituciones financieras, lo que en México se conoce como cartera vencida. Campesinos, agricultores, comerciantes y ganaderos que se sintieron abandonados y engañados por el Estado a raíz de la ruptura del pacto clientelista Gobierno- campesinado operada por el presidente Salinas de Gortari, y de la incapacidad de las organizaciones corporativas tradicionales para defenderlos frente a la crisis de la deuda. Los barzonistas exigían una moratoria de la deuda por 4 años, créditos frescos, subsidios a los insumos y participación en las decisiones sobre importaciones, mediante acciones directas.

Lo cual desató una verdadera guerra social entre los deudores por un lado y la Asociación de Banqueros Mexicanos (ABM) y la Secretaría de Hacienda del Gobierno federal por el otro.

Así nace el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), y su sucesor Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), instrumentos utilizados por el Gobierno federal durante la Administración del sucesor de Salinas, Ernesto Zedillo Ponce de León, para convertir las pérdidas económicas de los bancos privados en deuda pública, con montos estratosféricos que se siguen cubriendo y afectan a varias generaciones de mexicanos. Pero esa “es harina de otro costal”.

Ramos Villa tuvo un incidente con un vecino que por poco le cuesta la vida. Murió  años después relativamente en edad temprana.

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