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Por
Carlos Chávez
Publicado el domingo, 11 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Mientras una parte de la maleza del monte arde y alza una columna de humo sobre la carretera, el crecimiento se refleja con los contrastes que se exhiben al norte de la ciudad, en donde más de una realidad social se enuncia.
Aunque para muchos jóvenes es muy normal observar el crecimiento de la ciudad que se ha intensificado en los últimos 10 años, hace 30 ó 40 hubiera sido muy difícil vislumbrar la singularidad en donde las colonias o fraccionamientos privados como Jardines del Valle y las Huertas existieran en una tierra ocupada por los cultivos que se daban gracias a los veneros y al arroyo que recorre el sector.
Incluso, en medio de las lujosas residencias, con sus estilizados y complejos diseños, el contraste generado por la humildad en la que se vive en la colonia los Rodríguez ocurre muy a menudo, reflejando un Saltillo antiguo que ha logrado mantenerse por más de 35 años.
“Antes esta tierra era una ranchería y con el paso del tiempo, poco a poco se ha ido urbanizando. Aquí solía estar lleno de todo tipo cultivos, de verdor y frescura. Era muy común que regáramos las plantas con el agua clara de brotes de los ríos subterráneos o del arroyo e incluso con aguas negras cuando los otros dos dejaron de funcionar con el comienzo de la urbanización. Ahora pues aquí han crecido rápido los residenciales”, afirma Arturo López, quien disfruta de la sencillez en la que se encuentra su colonia.
El sólido adobe que mantiene en pie a casi todas las casas de la privada Clara Moreno es un vestigio de cómo la construcción tradicional trata de mantenerse ante el block, el concreto y el acero. El olor de la tierra suave y libre de asfalto hace que los remolinos deambulen sobre las modernas calles, haciendo que el contraste sea visible al cruzar el puente o con el simple hecho de cruzar la calle.
Mientras una fuente de estilo europeo es el principal adorno ante el portentoso arco de la entrada al residencial de Jardines del Valle, en la “parte pobre” el paisaje natural de las nopaleras y la desértica vegetación que crece sin problemas alrededor de la escuela son los adornos que de cierta forma reflejan nuestras raíces.
En ambos lugares no se observa ni grafiti ni señales de la presencia de pandillas o la delincuencia. Sin embargo la desigualdad en la que se vive parece ser una tajante señal de los distintos problemas que los aquejan al interior de los hogares, en donde las carencias pueden ser económicas o de valores y compromiso social.
Las distintas realidades evidencian que se vive con crecimiento o sin él. A pesar de las grandes empresas automotrices, los centros comerciales y el esplendor moderno de las nuevas carreteras y vialidades. La antigua forma de vida de las rancherías y las huertas que ocupaban este sector, se mantienen en el recuerdo y en algunas calles.
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