Vida
Por
El Economista
Publicado el lunes, 2 de noviembre del 2026 a las 09:49
Ciudad de México.- Mole, tamales, fruta, pan de muerto y los platillos favoritos de quienes ya no están forman parte de las ofrendas que cada año se colocan en los hogares mexicanos. Pero una vez que concluye la celebración surge una pregunta: ¿es seguro comer los alimentos que permanecieron varios días en el altar?
La respuesta depende del tipo de alimento, del tiempo que estuvo expuesto y de sus condiciones de conservación. De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), algunos productos pueden consumirse si permanecieron protegidos del polvo y otros agentes contaminantes, mientras que los platillos preparados requieren mayores precauciones.
La UNAM, a través de su plataforma Alimentación y Salud, señala que las frutas con cáscara y las calaveritas de azúcar, chocolate o amaranto pueden aprovecharse, siempre que se hayan conservado en condiciones higiénicas y protegidas.
El pan de muerto tradicional también puede recuperarse si no presenta moho, humedad anormal o signos de deterioro. Aunque pierda suavidad, puede utilizarse para preparar tostadas francesas o budines.

En el caso de las frutas enteras, conviene revisar su estado y lavarlas antes de consumirlas. Si fueron cortadas y permanecieron a temperatura ambiente durante varias horas, no se recomienda recuperarlas.
El principal problema no está en que los alimentos hayan formado parte de una ofrenda, sino en el tiempo que permanecieron sin refrigeración.
La Secretaría de Salud establece que los alimentos cocidos perecederos no deben mantenerse a temperatura ambiente durante más de dos horas. Después de ese periodo pueden proliferar microorganismos capaces de provocar enfermedades gastrointestinales.
Esto aplica a preparaciones como mole con pollo, arroz, guisados con carne, caldos, atole con leche y tamales que requieren refrigeración. Aunque luzcan bien, no es seguro consumirlos si permanecieron toda la noche o varios días fuera del refrigerador.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) también advierte que un alimento contaminado no necesariamente presenta mal olor o cambios visibles. Recalentarlo no garantiza que vuelva a ser seguro.

En distintas comunidades de México existe la creencia de que las ánimas regresan para disfrutar de la esencia y el aroma de los alimentos preparados en su honor.
El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) documenta esta relación simbólica entre los difuntos y la comida, uno de los elementos centrales de las celebraciones.
En algunas familias se acostumbra compartir los alimentos al retirar el altar, mientras que otras prefieren no consumirlos por respeto a sus creencias. Estas prácticas culturales son distintas de las recomendaciones sanitarias.
Para reducir el desperdicio, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) recomienda colocar los platillos preparados únicamente el día de la ofrenda y evitar que permanezcan expuestos durante periodos prolongados, también para prevenir la presencia de insectos.
Otra alternativa es utilizar porciones simbólicas de los guisados y reservar en refrigeración la comida destinada al consumo familiar.
Así, la tradición puede mantenerse sin comprometer la seguridad alimentaria: aprovechar las frutas, dulces y panes que permanezcan en buenas condiciones, pero desechar los guisados perecederos que hayan pasado demasiado tiempo fuera del refrigerador.
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