Monclova
Por
Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 28 de septiembre del 2026 a las 04:06
Monclova, Coah.- Entre el aroma a cuero, el golpe del martillo y el trazo a mano alzada, el oficio de talabartero se resiste a morir en Monclova y hoy encuentra un nuevo impulso en las redes sociales.
Es el caso de Junior Arturo Medrano González, de 43 años, quien junto a su esposa Flor Ortegón, mantiene vivo este arte desde hace dos años en su domicilio de la colonia Leandro Valle.
“Todo empezó porque mi suegro es talabartero y él nos inculcó este oficio. Entre mi esposa y yo somos los que trabajamos, ya tenemos nuestros clientes”, cuenta.
Su suegro, Braulio Ortegón, aprendió el oficio al llegar a Monclova, cuando por destino entró a trabajar a una talabartería. Años después se independizó, y hoy la tradición la continúa su familia.
Aunque se trata de uno de los oficios más antiguos, Junior asegura que, lejos de desaparecer, está resurgiendo.
“Es un oficio que se ha resistido, pero yo he visto lo contrario, porque en las redes sociales hay tutoriales y mucha gente ya está aprendiendo. Hay un poquito más de gente aquí en Monclova que está aprendiendo. Es un oficio que está volviendo a resurgir con un poquito más de fuerza”, afirma.
Y es precisamente en las redes donde su trabajo ha cruzado fronteras.
“A través de redes sociales enviamos a Estados Unidos, a Luisiana, San Antonio, la próxima semana mandamos a Chicago y tenemos pendiente Minnesota. Y aquí en México hemos enviado a Veracruz, Tamaulipas, León, Michoacán, Ciudad de México, Tijuana”, señala.
Entre lo más solicitado están los cintos, las fundas para celular y para navaja, así como carteras, polainas, chaparreras y pizarreras para caballo.
“Lo más común son cintos y fundas, porque casi todos los hombres usamos cinto. Lo demás es para ocasiones especiales”, explica.
Todo es hecho a mano con piel gruesa y duradera. Cada pieza lleva su proceso: primero el dibujo en papel, luego se pasa al cuero, se abre con cuchilla y con cincel y martillo se le da el detalle para lograr un efecto en tercera dimensión.
“Lo primero que hago es el dibujo, se lo muestro al cliente, ya el dibujo lo paso al cuero y luego se tiene que abrir con una cuchilla y con cincelito y martillo se le va dando los detalles de cada diseño para que se vea más realista, como en 3D. Casi todo va cosido a mano con hilo encerado”, detalla.
Mientras habla, su esposa teje a mano unos ositos con cuero crudo en el borde, afinando los acabados.
Para Junior, este oficio es 100 por ciento artesanal y mexicano.
“Manejamos piel de calidad, de años de garantía”, dice.
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