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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 22 de diciembre del 2023 a las 06:46
Ciudad de México.- Apasionada por las historias de la gente “de a pie” Cristina Pacheco forjó una respetada carrera periodística al impulsar y nutrir el género de la crónica urbana durante casi medio siglo. Quedarán muchas historias por contar por boca de la icónica figura del Canal Once fallecida este jueves a los 82, apenas 20 días después de anunciar su retiro de la televisión, y su participación en Canal Once, así como de su sección Mar de Historias en el diario La Jornada por “graves” problemas de salud.
Fallece Cristina Pacheco: escritora, periodista y conductora de Aquí nos tocó vivir
Pobreza la inspira
Cristina Pacheco describía su infancia como una época complicada, debido a que nació en un núcleo de escasez económica, sin embargo, fue la misma carencia, en la que germinó su instinto de escritora, pues de ese modo, desprovista de juguetes y espacios para entretenerse, desarrolló su gusto por escribir acerca de lo que la rodeaba, como aquél árbol de eucalipto que veía frente a su ventana, en la pequeña casa que construyó su padre, en la que pasó sus primeros años, en su natal San Felipe Torres Mochas, Guanajuato.
En una entrevista para En Corto, Pacheco rememoró cómo vivió sus primeros años, antes siquiera de que pisara la Ciudad de México, que se convertiría en uno de los objetos de su escritura a lo largo de su trayectoria. Para la escritora, la infancia estuvo rodeada de privación económica, a tal grado que equiparó la forma en que lucía su casa con un dibujo infantil, el cual está trazado sólo con lo esencial; dos ventanas y una puerta.
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Fue una infancia difícil porque la pobreza nunca es fácil, fue una infancia llena de descubrimientos maravillosos porque tuve la fortuna de crecer, parcialmente, en el pueblo y luego en el racho, estar cerca de la naturaleza me regaló cosas maravillosas”, destacó.
A pesar de que la escritora se dedicó a la crónica urbana y plasmar en su obra cómo vivían su día a día las y los capitalinos, ella nació en un municipio de Guanajuato, San Felipe Torres Mochas, del que siempre guardó un entrañable recuerdo, como lo fue un árbol de eucalipto, plantado en las inmediaciones de su hogar, al que le dedicó varios de sus textos más entrañables, de acuerdo con lo que ella misma relataba.
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Era un eucalipto que estaba frente a mi casa, que era una casa muy modesta, construida -tengo entendido- por mi padre, tenía dos ventanas, era muy pequeñita y muy elemental, parecía un dibujo escolar, (y) podía ver ese árbol que me encantaba y me sigue encantando, le he dedicado muchos textos e, inclusive, un texto infantil”, cuyo título es El Eucalipto Ponciano.
Pero no pasó mucho tiempo para que Cristina y su familia se mudaran a San Luis Potosí, donde tuvo su primer acercamiento a las letras, pues en el extrarradio de su casa, estaba instalada una imprenta, que solía visitar para ver las hojas de papel volar; Pacheco recordó así como una de las primeras sensaciones satisfactorias que la acercaron al mundo de los libros, pues desde muy joven supo que quería dedicarse a contar historias.
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Había en la esquina una imprenta, a donde me gustaba ir porque había una máquina que arrojaba los papeles impresos, y era muy bonito ver cómo volaban, olorosos a tinta; era precioso el lugar, no sé si lo vería igual, si ahora volviera… tenía yo tres o cuatro años, sólo me gustaba ver los papeles que salían de la máquina, que salieran de colores, eran volantes que se repartían en las calles, supongo… me gustaba el olor”, rememoró.
Y aunque algunas de las personas que trabajaban en la imprenta, se incomodaban con la curiosidad de la pequeña Cristina, nunca se olvidó de la amabilidad que recibió de don Florencio, el señor que cuidaba el negocio, pues destacaba que él siempre le daba la bienvenida y le permitía presenciar el proceso de impresión que llevaban a cabo.
Su paso por la ciudad potosina fue corta, pues a la edad de cinco años, Cristina y su familia se trasladaron a la Ciudad de México, de la que quedó prendada por las luces de neón, características de la urbanidad de la capital.
Fue aquí donde forjó su formación en educación básica, en la que realizó sus pininos literarios, pues desde pequeña creyó cabalmente que la existencia tenía que ser narrada, pues su madre fue una gran referente para ella, a quien siempre describió como una narradora nata.
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Crecí en un mundo que lo más valioso es contar, cuando no tienes nada, cuando no tienes diversiones ni juguetes, ni posibilidad de salir, ni dinero y, a veces, ni comida, contar es algo muy importante porque te distrae, no tuve cuentos, de papel nunca tuve, pero tuve los cuentos de mi familia y, sobre todo, los cuentos que mi madre, que era una narradora realmente excepcional”, contó.
“Nos contaba todo, nuestra vida, nuestra historia, lo que pasaba en el rancho o lo que había pasado muchos años atrás, ahí me di cuenta que contar la vida vale la pena”, ahondó.
Otra gran referente para la periodista fue su maestra de cuarto de primaria, que se acercó a hablar con ella cuando se enteró -por los compañeros de Pacheco-, para señalarle la importancia de disciplinarse para lograr su objetivo, pues le dejaba lecturas adicionales, corregía minuciosamente sus textos y hasta la inscribió en un concurso nacional de oratoria, en el que quedó en el tercer lugar.
Amaba su ciudad
Según da cuenta el diario El Universal Cristina Pacheco contó a una revista que la primera emisión del programa Aquí nos Tocó Vivir fue en mayo de 1978, pero cobró fama hasta los años 80.
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La idea original fue de José Priani quien le sugirió al entonces director de Canal Once, Pablo Marentes, un programa donde se abordara el problema de la vivienda desde el punto de vista arquitectónico”, consigna el diario capitalino.
No obstante, luego de empezar a convivir y acercarse más con las personas el programa dio un giro hacia la crónica donde la identidad y evidenciar la injusticia, fueron los ejes del programa.
“Aquí nos Tocó Vivir no es un programa de denuncia, pero tampoco la evito; sólo muestro con menos adjetivos y más verbos que es una injusticia que la gente viva entre la basura y el presidente municipal viva en una mansión.
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La Ciudad de México es mi vicio, no puedo estar sin ella, me gustan hasta sus defectos. Pero me duele verla tan rota y tan deteriorada. Parece que muchas cosas se hacen para incomunicarnos y no para comunicarnos. Me duele que el temor y la violencia nos priven de los espacios públicos”, dijo Pacheco en aquella entrevista
Aquí Nos Tocó Vivir, el programa de Cristina Pacheco reconocido por UNESCO
El adiós
Fue justo el pasado 1 de diciembre, al final de su programa Conversando, que anunció que se retiraba por “graves” problemas de salud. Aunque en aquel entonces, calmaba al público al decir que era un retiro “momentáneo”.
Aquel viernes, la también escritora recibió como invitado especial a la Orquesta Basura. Fue tras el último corte comercial que la periodista anunció a su público que tenía que retirarse por cuestiones de salud. Pacheco estaba tan afectada, que su voz entrecortada no le permitió dar la noticia de corrido. “No es fácil y necesito que el público me entienda si me equivoco, si se me van las palabras, si no sé cómo decir las cosas”, advirtió.
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Hoy tengo que soportar y aprender a enfrentar algo a lo que me está enfrentando la vida. Es duro lo que voy a hacer, pero debo hacerlo. Por graves razones de salud, tengo que suspender, al menos momentáneamente… qué les diré”, declaró Pacheco, al borde del llanto.
La mirada conmovida de uno de sus invitados de aquella noche –integrante de la Orquesta Basura– fue lo que hizo a Pacheco retomar el hilo de la conversación: “… Al menos momentáneamente estas conversaciones (que) han sido ricas, divertidas, inesperadas. Piensen cuánto hemos aprendido de nuestros maravillosos invitados”, dijo.
Antes de anunciar su retiro, Pacheco agradeció a su público su constancia y solidaridad en el programa durante tantos años. “Son para mí seres queridísimos que forman parte de una familia; lo mismo que mis compañeros, han estado en momentos muy difíciles, como éste. Gracias a ustedes he soportado pérdidas muy fuertes”.
“Estaremos juntos siempre”, fue la frase que dijo Pacheco para cerrar el programa, que concluyó con una ovación de pie por parte de sus invitados y su equipo de producción.
Longeva carrera
Su nombre de pila era Cristina Romo Hernández.
Nació en San Felipe, Guanajuato, el 13 de septiembre de 1941.
Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Empezó su carrera en la década de 1960 en los diarios El Popular y Novedades.
También fue parte del equipo de la Revista de la Universidad de México, donde conoció al escritor José Emilio Pacheco, con quien se casó en 1965, y cuyo apellido adoptó.
Como periodista, colaboró en medios como los diarios El Sol de México y La Jornada, y en emisoras como Radio Fórmula y Canal 13.
Ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1985, el Premio Rosario Castellanos en 2012 y el Premio Bellas Artes de Literatura Inés Arredondo 2022, entre otros galardones.
Entre sus obras literarias de narrativa están Para Vivir Aquí (1983), La Última Noche del Tigre (1987), Amores y Desamores (1996), Los Trabajos Perdidos (1998), Limpios de Todo Amor (2002), El Oro del Desierto (2005) y Humo en tus Ojos (2010).
Su programa Aquí nos Tocó Vivir, uno de los más longevos en la historia de la tv mexicana, tras comenzar en 1978, destacaba por contar la vida y cultura en la capital del país con entrevistas con personas citadas.
El pasado 1 de diciembre, la periodista anunció el final de su programa de entrevistas Conversando con Cristina Pacheco y el de historias de Ciudad de México Aquí nos Tocó Vivir, que se transmitían desde hacía décadas por el Canal Once de tv abierta.
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