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Coahuila

Seis décadas

Por Cholyn Garza

Hace 1 año

No es un aniversario más, son seis décadas de dedicación y superación de sortear infinidad de circunstancias que, sin duda, se han presentado en el trayecto. 

Llegar a cumplir 60 años y permanecer firme y de pie, representa un gran logro. Una posición muy bien ganada gracias al esfuerzo diario, a la unidad y por supuesto, a la confianza en un gran proyecto.

He de decir que hace 60 años Piedras Negras, nuestra muy querida ciudad fronteriza, no contaba con un diario que tuviera un buen formato como en otras ciudades. Un diario que mantuviera informado al lector con noticias nacionales, internacionales y con temas de interés general.  Un periódico como en las grandes ciudades.

Eso no sucedía en Piedras Negras hasta que llegó Zócalo. 

Recuerdo la expresión de mi padre cuando tuvo en sus manos el primer número de Zócalo: “Éste sí es un periódico”.  Y es que mi papá se acostumbró a recibir, además del periódico local, el Novedades de México, la Revista Siempre, Selecciones, en nuestra casa en Veracruz. 

El proyecto, muy bien estructurado por un hombre con visión, conocimiento y gran amor al periodismo, fue puesto en marcha.  Me refiero a su fundador, don Francisco Juaristi Septién, quien seguía los pasos de su padre, don Francisco Juaristi Juaristi.

Zócalo no es sólo un periódico que vino a llenar el gran vacío que había en nuestra ciudad en cuestión de medios. A través de los años ha trascendido en la región y en el estado de Coahuila y lo ha logrado con mucho éxito.

Sin embargo, hoy, me voy a permitir hacer mención al lado humano de un buen amigo: Francisco Juaristi Septién.

Francisco siempre ha mostrado generosidad, empatía hacia la gente que por algún motivo ha recurrido a él en un momento determinado.  Así fuera en busca de un consejo, por un proyecto o cualquier asunto que desearan exponerle.  Desde su oficina, siempre tuvo la disposición para atender a las personas que se le acercaban. Y nadie se retiraba sin ser escuchado.

La grandeza de las personas no se mide por lo que poseen o cuan alto logren llegar, sino en lo que ofrecen desde el corazón. Una palabra amable, extender la mano cordial a un semejante.  Apoyar las causas sociales; en fin.  Son diversas las formas que existen para dar o hacer el bien.

Lo digo con conocimiento de causa y me remontaré a muchos años atrás.  Siempre me gustó la labor social y he tenido la oportunidad y el privilegio de estar al frente en diferentes organismos desde mis años juveniles.  En aquella etapa ya lejana, un grupo de amigos y compañeros de estudios, formamos un club con el propósito de apoyar escuelas.  Realizábamos eventos y el señor Juaristi generosamente nos apoyaba con la publicidad.  Gracias a ello, los eventos resultaban un éxito y solíamos destinar los recursos para la compra de pupitres, medicamentos para personas de escasos recursos o lo que se fuera requiriendo. 

Y si el señor Juaristi respaldaba nuestros proyectos, sin duda se trataba por la confianza de que los recursos obtenidos, se empleaban con transparencia y se destinaban de inmediato a donde eran requeridos. 

Siempre recuerdo esa época ya lejana con alegría y gratitud.

Francisco impulsó el deporte, la cultura, la educación. Nuestra ciudad ha tenido el privilegio de contar con una persona generosa, dispuesta siempre a dar.  En ese propósito de vida, ha estado acompañado por su esposa, dama muy humana, preocupada también por las causas sociales. 

La empresa familiar ha crecido y son sus hijos quienes se van encargando de ella.  Francisco, Jaime, José David y Diego, han heredado la vena de su padre para los negocios y la comunicación. Preparados, eficientes.  Lo más importante, que no sólo son profesionistas al frente de los negocios, sino personas con gran sensibilidad y buen trato.  

El tiempo vuela y de pronto nos vemos en una etapa diferente de nuestra existencia. La juventud se ha alejado más no el optimismo, el deseo de servir y de seguir sirviendo. La labor social nunca se ha ido de mi vida.  Mi esposo y yo, hemos pertenecido y estado al frente de grupos y también recibimos en su momento el respaldo y asesoría del señor Juaristi para la realización de proyectos. 

En años recientes, estando yo como coordinadora del Taller de Historia para Damas de Piedras Negras, recibí una llamada de Francisco y su esposa para ofrecerme uno de los salones en una de sus empresas, para presentar nuestras conferencias cada semana.  Me pareció excelente idea y por supuesto acepté después de comunicar a las compañeras. 

No tengo palabras para agradecer la gentileza de los señores Juaristi al ofrecernos un espacio, que para mí y la mayoría de las compañeras fue ideal para nuestro propósito. Tendríamos excelente sede. Ahí lo teníamos todo; personal eficiente y siempre amable; apoyo necesario si se requería; amplio estacionamiento, seguridad.  ¿Qué más podía pedirse?  

Por otra parte, y no menos importante, he de agregar que Francisco, fue quien me dio la oportunidad de escribir en Zócalo, hace más de treinta años.  Asimismo, me concedió el honor de aceptar presentar -al igual que lo hizo el licenciado Carlos Flores- mi primer libro, una novela. “Cholyn, nunca he presentado un libro, pero claro que sí, te apoyo” -me dijo-

Quise recordar en este espacio, algunos pasajes de mi amistad con quien yo considero un gran ser humano. Amistad que inició hace 60 años cuando un joven periodista llegó a Piedras Negras con un gran proyecto profesional bajo el brazo. Mismo que convirtió en realidad dado su entusiasmo, su visión y esfuerzo. Y lo extendió a su plan de vida al formar una hermosa familia.

Hoy expreso un simple “gracias” pero lo hago desde el corazón.  Porque el tiempo transcurre demasiado rápido, así que lo que haya que dar o decir que sea “en vida, hermano, en vida”.

Larga vida a Grupo Zócalo; felicitaciones a la familia Juaristi y bendiciones.

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