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Sentía que era parte de todo lo que una vez amé

Por Salvador Álvarez

Hace 2 años

Cuando buscamos la definición etimológica de la palabra “Pantalla” encontramos orígenes en el catalán, el griego y el latín, puede teclearlo en el buscador y encontrar versiones más o menos iguales, palabras más palabras menos, el origen esta relacionado con la palabra catalana “ventalla” que significa “ventana”, otra teoría es que viene de las palabras “pan” (todo) y “thallos” (el soporte de las flores) y que puede interpretarse como “algo que sustenta todo” y una más que para economizar palabras también tiene que ver con el concepto de “ventana” el caso es que, lo que entendemos por “pantalla” nos viene acompañando desde finales del siglo XIX con el invento de los hermanos Lumiere que fue el cine y que se complementó a principios de la década de los 20s (del siglo pasado) con el nacimiento del televisor.

Como con tantos inventos de la humanidad, la evolución de lo que consumimos en pantalla ha tenido un desarrollo gradual y ha propiciado prácticas y hábitos que hoy en día nos parecen normales, además del cine y la televisión forman parte de nuestra dinámica cotidiana lo que vemos nuestras computadoras (lap tops, tablets, escritorio) y dispositivos de telefonía, y si bien, durante el siglo XX tuvimos que conformarnos con los anhelados estrenos cinematográficos, o la programación de la televisión abierta que podía o no respetar la secuencia de series, telenovelas y caricaturas (para los que somos de cierta edad, era muy desesperante que Remi “el niño de nadie” sufriera una calamidad tras otra y de repente las volviera a sufrir), y los juegos de video primigenios, la llegada del internet detonó de manera las posibilidades de consumo cultural en forma de entretenimiento.

Solo hay que echar un ojo a las distintas plataformas, el streaming (transmisión en directo) tal como lo conocemos se popularizó por allá de los años 90s cuando comenzó a ser accesible el ancho de banda para tener un menú de contenidos disponible donde fuera y a cualquier hora, a partir de ese momento y con el desarrollo de dispositivos cada vez más inteligentes las posibilidades han crecido hasta ser casi infinitas y podemos disfrutar de noticieros, programas, documentales, cine de arte y comercial, etc. Con la gran ventaja de que, a mayor oferta, mayor competencia y mejores contenidos, claro hay de todo. Si usted quiere ver por nostalgia las mismas telenovelas eternas que de manera gratuita nos recetaba la televisión mexicana las tiene a su disposición por un módico precio, pero si ya va a pagar, mejor consuma algo de mejor calidad.

Es importante mencionar la relación entre la literatura, la plástica y la música con series de mayor calidad, hay todo un ejército de grandes talentos que cuidan cada detalle y que hacen memorable la experiencia, y nuestro país aporta mucho a esa industria, busque lo mejor (es una recomendación respetuosa), pero también recuerde que “hay un mundo allá afuera”, tómese el tiempo de disfrutar la oferta artística en teatros, galerías y museos, gran parte de las cosas que ofrecen las instituciones de Cultura es gratuita y de calidad. Para equilibrar nuestro consumo cultural recordemos la sabia canción de 31 minutos:

“Y descubrí un mundo nuevo y fácil / que estaba en la televisión / No necesito amigos que
me amen / es la pantalla la que cumple esa función/ Después de un tiempo engorde y me
puse feo / Con el control ejercitaba solo el dedo…hasta que un día explotó el televisor / y
descubrí un mundo muy complejo / Que estaba en mi imaginación…”

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