La asexualidad es el estadio humano más incomprendido de los seres humanos. Esta semana, a partir del día 23 de octubre, se habla y conmemora la asexualidad porque es parte de la sexualidad humana.
Las personas asexuales no solo viven en la asexualidad, sino que la asexualidad es parte de algunos estadios de la vida que se relacionan también con cambios personales. Es cuando se patologiza la asexualidad o se considera una enfermedad.
En algunos casos, el estado de la asexualidad se confunde con la baja del estímulo sexual o libido, que puede disminuir o se presenta por diversas causas hormonales, situacionales, de emociones o de vida en pareja, en circunstancias en las que el estímulo sexual disminuye, así como el deseo o la excitación.
Pero en los casos de las personas asexuales se refiere a una forma de ser, vivir y habitar el cuerpo. No es una enfermedad. La asexualidad es la ausencia de impulso sexual y se considera una forma de orientación sexual, sin embargo, una persona asexual puede sentir afectos y vinculaciones o atracciones hacia las personas. La gente asexual puede sentir atracción intelectual, afectiva, pero la parte sexual no es prioritaria para ell@s.
Ahora en la semana de la visibilidad sexual, diversas organizaciones informan que del total de la población mundial podrían ser personas asexuales 1 a 5%. La gente asexual podrá no sentir un impulso sexual fuerte, pero sí tiene una vida sexual consigo mismo, como todas las personas lo hacen.
La cuestión es que las personas asexuales son las primeras víctimas de la hipersexualización de nuestra sociedad occidental. Durante muchos años la asexualidad era un asunto invisible y ahora forma parte del estudio de la sexualidad humana en todas sus manifestaciones.
El no ser una entidad con impulsos sexuales “normales”, como sería el tener ganas permanentemente, convierte a las personas asexuales en seres incomprendidos.
Lo interesante de las personas asexuales es que operan de forma óptima en sus vinculaciones afectivas, e incluso su actividad sexual suele ser estimulada por la presencia de amor y afectividad. Este es el caso de los demisexuales, quienes son activados hacia el sexo por el enamoramiento o sentimientos de pareja.
Las personas asexuales, aunque puedan sentir una atracción sexual e impulso erótico, específicamente hacia una persona, quizás no sigan el mismo paso a lo largo de la relación sexual. Lo que crea una situación de disritmia sexual, lo cual no solo se da con las personas asexuales, sino por otros asuntos desde la rutina hasta patologías específicas que disminuyan la libido.
Las parejas necesitan crear acuerdos y desde un principio hacer compromisos para ello, ya que la vida sexual en pareja es una construcción continua y permanente que no siempre se sostiene con los primeros fuegos y, construir apegos es la base de cualquier relación. Lo sexual es parte de una relación, pero no su sostén principal.
Las variaciones sobre la asexualidad son muchas y las personas que viven en esta orientación invisibilizada no son iguales a quienes han elegido el celibato o quienes deciden conservar “su pureza”, que son alternativas que ellos han escogido. La asexualidad vive desde la pulsión misma del cuerpo hacia no ejercer una actividad sexual diversificada con personas, aunque sí consigo mism@.
Aunque se visibilicen estas orientaciones para explicarlas y entenderlas, no es necesario que ninguna persona tenga que salirse del clóset o defender su ser asexual, porque es un asunto privado e íntimo, lo cual es su derecho también.
La cuestión es comprender la asexualidad desde la noción de que cada persona ejerza su sexualidad de la manera que mejor le haga sentir plena.
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