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Ser candidato

Por Juan Latapí

Hace 4 semanas

Ser candidato no debe ser fácil. Para empezar hay que estar dispuesto a sacrificar familia, tiempo, el ritmo de vida y sobre todo disponer de algún capital, tanto económico como humano, pero sobre todo, estar dispuesto para jugársela.

Desde las precampañas se debe buscar la forma de invertir tiempo y dinero con la firme esperanza de resultar electo para poder recuperarlos, si no, todo se habrá ido a la basura. Para lograr la candidatura se deben establecer alianzas -no siempre con las personas idóneas-, destinar tiempo y recursos para promoverse y aparecer como alguien ejemplar, como un gran ser humano y con capacidad de sobra para ocupar el puesto anhelado. Para ello habrá que ocultar cualquier pasado que pudiera ensombrecer las aspiraciones, obviamente sin olvidar que se debe estar dispuesto a traicionar y a ser traicionado.

Y si la fortuna, las alianzas y las palancas favorecen la candidatura habrá que amarrar las alianzas y el financiamiento de la campaña con los compromisos que sean con tal de ganar la elección. Una vez en campaña habrá que publicitar con toda fuerza la humildad, sencillez y cercanía con la gente de abajo. También se deberá contar con calzado cómodo para caminar y asolearse por calles, barrios y ejidos que hasta hace poco le eran desconocidos.

Se deberá tener quien maneje la imagen pública del candidato, y si es inteligente se dejará asesorar por alguien con experiencia sin escatimar en gastos, pero si por el contrario, por ahorrativo el manejo de imagen en la campaña cae en manos improvisadas, entonces deberá prepararse para los resultados adversos. Habrá también que contar con asesores que sepan cómo evitar alguna sanción por parte de la autoridad electoral.

Con tal de ganar la elección no importa establecer un sin fin de compromisos y buenas intenciones. A quienes lo financiaron tendrá que encontrar la manera de corresponderles una vez electo y a quienes anduvieron en la campaña habrá que acomodarlos en cualquier puesto secundario aunque carezcan de conocimientos y experiencia para ello porque eso es lo de menos.

Pero en el caso de ser candidato a diputado es como estar en la antesala del éxito y de inmejorable oportunidad para poder hacer negocios, sólo basta contar con la simpatía de algún influyente y ser postulado por cualquier partido político al que ni siquiera se necesita estar afiliado, basta y sobra contar con la venia y simpatía de arriba.

Para ser candidato a diputado no se necesita conocer de cuestiones legislativas ni legales, puesto que las iniciativas de ley las dicta el partido al que se representa y como diputado sólo se limitará a levantar el dedo. Tampoco se necesita tener una trayectoria de honestidad, rectitud y honorabilidad. Basta rascarle un poco a los actuales diputados para darse cuenta que es muy raro quien esté libre de culpa.

Erróneamente se cree que las campañas inician en la fecha establecida porque es bien sabido que, abierta y descaradamente, empiezan cuando la ambición de los suspirantes y aspirantes con antelación establecen alianzas y compromisos que poco a poco van amarrando.

Al hacer todo tipo de promesas -por descabelladas que parezcan- no importa mentir con toda desfachatez porque con el paso del tiempo la gente olvida y hasta perdona. En caso de ser el blanco de alguna campaña negra el encargado de la imagen inventará lo que sea con tal de revertir la guerra de lodo, principalmente en las redes sociales donde se podrá dar vuelo a la imaginación para descalificar, calumniar y ofender a los contrincantes.

Para asegurar el éxito de la campaña se necesitan tres cosas: dinero, dinero y más dinero, porque de lo contrario no se puede tener asegurado el éxito. Por eso es muy importante que el candidato, además del respaldo del partido político postulante, pueda convencer a los dueños del dinero para que lo financien y una vez en el poder, ya como diputado, poder cumplir con los compromisos contraídos con sus patrocinadores porque a final de cuentas estos compromisos son los únicos que realmente se deben cumplir porque las promesas de campaña son solo intenciones que el viento se llevará y nadie reclamará.

Para el día de las elecciones habrá que desbordar optimismo y sonrisas en compañía de familiares, aunque no se debe cantar victoria antes de tiempo porque a veces del plato a la boca se cae la sopa. Ser candidato no debe ser tan fácil, pero aún así, quién no quisiera ser candidato a diputado.

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