64 años de tradición de un micronegocio familiar
Este 2024 se cumplen 64 años desde que don Emilio Torres Cervantes, con el respaldo de su esposa doña Rafaela Zúñiga Rodríguez, fundaron una microempresa dedicada a satisfacer al más exigente paladar, como diría el slogan publicitario. Este es un homenaje póstumo a los dos y un reconocimiento a los siete hijos de nueve que fueron producto del amor entre la pareja, que siguen la tradición de vender rica fruta rebanada en el mismo lugar donde don Emilio y doña Rafaela se instalaron en la esquina de Acuña y Aldama, en el mero corazón histórico de Saltillo.
Este puestesito es uno de los símbolos del comercio ambulante que pese a los embates de políticos y gobernantes “mala leche”, han podido subsistir. Otros tres en el Centro de la ciudad, serían los puestos de periódicos de Toño “La Bola” en Victoria y Padre Flores, y el de Aldama y Padre Flores, de Clemente Zapata, “La Saeta de Saltillo”, tremendo ciclista de fama nacional. El otro negocio ambulante sería el de Las Papitas Mágicas, que tarde a tarde se instala en Ocampo y Allende, sobre el área peatonal.
¡Ah qué refrescante es comerse una gran rebanada de sandía, melón, papaya y/o mango a mordidas!, extraídas de un higiénico aparador que sobre una cama de hielo hace más sabrosa la degustación.
La sandía y el melón son las ricas frutas típicas de la Región Lagunera, que identifican a San Pedro de las Colonias, Coahuila, como uno de los productores más importantes en México y que se disfrutan, sobre todo, en los meses de verano, cuando el sol “pega con todo”, y no hay nada mejor que refrescarse con estos frutos.
Todos los hijos de don Emilio y doña Rafaela sirvieron en el puesto desde muy pequeños. Él, originario de Matehuala, San Luis Potosí, y ella de Doctor Arroyo, Nuevo León. El señor Torres emigró hacia Estados Unidos donde hizo algunos ahorros y luego decidió instalarse en Saltillo con la venta de fruta rebanada. Era tanta su devoción y atención, aparte del carisma de ese incipiente comerciante que pronto se hizo de numerosa clientela por tres generaciones. Primero fueron los padres, luego los hijos y ahora los nietos los que acuden a probar la rica fruta.
Se hizo de una buena relación con los comerciantes del primer cuadro de la ciudad, principalmente los descendientes o legítimos hijos del oriente medio, sirios, libaneses, palestinos, etc., que poblaron el Saltillo de principio del siglo pasado.
Cuando un celebérrimo alcalde apoyado por el Partido Acción Nacional, aconsejado por comerciantes envidiosos y sin escrúpulos, que intervinieron ante el gobernante sin conciencia moral y respeto al libre comercio, que a su conveniencia tanto pregonan, quiso quitar el puesto de don Emilio, los llamados “árabes” intervinieron para evitar ese atropello. Lo mismo sucedió con “La Bola” y con Zapata o con Papitas Mágicas.
El negocio familiar de la fruta rebanada de los Torres Zúñiga está muy bien organizado, de tal suerte que compran por mayoreo para por dar más barato el producto ya procesado.
La anécdota
Don Emilio Torres Cárdenas le pegó dos veces al premio mayor de la Lotería Nacional, lo cual mejoró su estatus económico y pudo comprar terrenos y casas, las cuales en vida fueron donadas a sus nueve hijos. Hay una anécdota que, aunque parezca irreal, es verdadera. Dicen que don Emilio medio vació la famosa tienda Salinas y Rocha para amueblar las casas de sus hijos. El hombre siguió igual de simple, pese a “amasar una mediana fortuna”, lo cual no le impidió seguir sirviendo con amabilidad, respeto y cortesía a sus clientes.
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