Es muy común que cada vez que me hablan sobre sexo de reconciliación, en consulta, en talleres o en conversaciones, por lo general es descrito como una actividad sexual extraordinaria, lo cual es atinado porque, después de haber estado enojados o iracundos, o hasta donde lleguen sus pleitos de pareja, la reconciliación vía relaciones sexuales siempre será el desfogue del desfogue…
Esto es una señal de una relación sexo afectiva que puede ser activa, pero se está canalizando de forma errada porque la actividad sexual funge como la aspirina que cura el dolor momentáneo, pero no los problemas de fondo.
El sexo o la actividad sexual no debe ser romantizada como la resolución de los problemas en pareja. Muchas de las veces las parejas o compañer@s afectivos creen que, al mantener un vínculo sexual, este puede ser un signo de salud de la relación, pero solo es una manera de evitar la plática, que por lo general siempre es una conversación incómoda que los implicados no saben, no quieren o no pueden llevar.
La base de resolver los problemas con sexo es una forma de evasión también que no ayuda a que la pareja sepa realmente en dónde está situada.
Al pelear y resolver la bronca con sexo, solo se están retrasando los diálogos ríspidos que deben de realizarse antes de que sobrevenga un pleito que en realidad no puedan resolver de una forma civilizada y con responsabilidad afectiva.
Siempre cuento la anécdota de unos hombres jovencísimos que se casaron cuando apenas se aprobaron los matrimonios igualitarios en la CDMX. Allá vamos todo un autobús lleno de parejas del mismo sexo y yo como reportera entre la bola. Estos chicos me contaron que apenas cumplieron la mayoría de edad, no tenían ni 20 años ninguno de los dos, decidieron casarse por el maravilloso sexo que tenían que los hacía llevarse muy bien.
Pero volviendo a Monterrey se divorciaron porque no se llevaban bien. Luego me contaron que se peleaban mucho y luego se dieron cuenta de que no se conocían. Solo bíblicamente, con su actividad sexual vigorosa y saludable de muchachos menores a la veintena…Pero en realidad no sabían bien quién era el otro. Nunca se tomaron la molestia de hablar sus diferencias y el sexo nunca pudo ser el sustento de su alianza.
La actividad sexual con el tiempo se convierte además en una prioridad que va mudando su lugar dentro de una relación y no puede ni debe ser el sustento de la misma.
Al pelear está bien resolverlo con actividad sexual sexosa y frenética, pero también es necesario afirmar acuerdos; negociar circunstancias y situaciones que les lleve a entender las peleas y a buscar soluciones en conjunto; hablar y estar muy claros de las razones que les orillaron a pelear o a tener ese desacuerdo que terminó en fornicio. Cada pelea entre las parejas es una oportunidad para mejorar la comunicación y si no es así, hay que reorientar esfuerzos para que así suceda.
Cada vez que hablo de vida en pareja dejo en claro el tremendo trabajo de conservación, cortesía y preservación que hay que realizar para fortalecer las alianzas. Es necesario saber crecer juntos y como personas en cada relación.
El sexo será una más de las actividades que permita a l@s compañer@s sexuales o pareja el fortalecimiento de sus lazos que incida en una mejor relación y convivencia.
Nos vemos en las redes en Ivaginaria y gracias a las personas que llenaron mis talleres de autobiografía erótica en octubre, estaremos trabajando en línea, así como en la consultoría sexológica.
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